"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

miércoles, 15 de junio de 2011

Soñar Sueños Compartidos


Mentir es decir solo una parte de la verdad. La mentira tiene patas cortas. Todas frases hechas que nuestros padres nos inculcaron para que no abusáramos de nuestra imaginación y faltemos irremediablemente a la verdad. Cuando fuimos creciendo y agarramos los libros, nos topamos con la sentencia goebbeliana de “miente, miente que algo quedará”, la cosa se empieza a poner espesa. Y ni que hablar cuando en lo profundo de la semiología, aquella profesora sentencia como si nada pasara “la objetividad no existe”.

Es raro. Y a la vez, es una decepción importante, pero lo que todos llamamos “verdad” no es más que una utopía o una construcción milimétricamente diagramada por quien potenta los medios de comunicación y el poder de construir o influir en la construcción de la realidad en los potenciales lectores o radioescuchas.

El caso de Sergio Schoklender y su estafa a la Fundación Madres de Plaza de Mayo muestra cabalmente esta parte de la historia. Tanta letra impresa y tanta palabra intencionada y recortada parece mostrar demasiadas intenciones detrás de una noticia. Y el deber de un periodista no es exactamente ese, sino tratar de darle las herramientas suficientes a sus lectores, radioescuchas o televidentes para que entiendan una realidad o que confeccionen sus propias ideas en base a una pluralidad de voces. Y desde la queja de lo que pasa ya se ha escrito demasiado, por lo que este periodista simplemente se va a dedicar a mostrar lo que realmente es el programa “Sueños Compartidos” que las Madres llevan adelante hace ya 5 años.

El programa “Sueños Compartidos” es mucho más que una solución habitacional (aunque ese sea uno de los objetivos más importantes), sino que remite también a una propuesta de inserción social y laboral para quienes luego serán los moradores de esas viviendas, tomando en cuenta sus necesidades individuales y como sociedad. El proyecto incluye desde insertar en el sistema laboral a quienes no han tenido a lo largo de los últimos años una oportunidad de entrar al circuito del trabajo, capacitar en oficios a quienes luego harán esa actividad en las viviendas y hasta acceder a una obra social, tener aportes jubilatorios y poder trabajar en el circuito laboral formal, trabajar en blanco. Es decir, hacer participar a los propios habitantes para reconvertir espacios y transformarlos en dignos barrios de trabajadores.

El emprendimiento no solo se dirige a la construcción e instalación de viviendas prefabricadas destinadas a sectores carenciados de la población, con un propósito de inclusión social y con una alta calidad técnica. También produce un impacto en otros aspectos del desarrollo social como la salud, la educación y la protección a la niñez, a través de una concepción integral, elaborada alrededor de un sistema constructivo novedoso y eficiente.

En cada obra la Fundación ofrece capacitación en oficios de la construcción y desarrolla cursos de higiene laboral, contribuyendo al reconocimiento de la subjetividad social y legal de los participantes en el programa, para brindarles múltiples herramientas a ellos y sus familias.

El proyecto de vivienda, puntualmente consiste en una nueva forma de construcción mediante paneles constructivos de poliestireno de alta densidad ensamblados con mallas de acero que reciben una cobertura de concreto exterior, lo que les da un marcado nivel de resistencia en los aspectos sísmico, acústico y térmico, haciéndolo apto para los climas y condiciones naturales más hostiles. El diseño de las construcciones se realiza mediante censos, para determinar la forma de construir, las dimensiones y los equipamientos que necesita cada lugar.
Cuán difícil se hace para quienes manejamos la información, cuando mediante palabras se intenta contrastar realidades. Y Sueños Compartidos, desde su irrupción en 2006, lleva construidas demasiadas realidades transformadas en barrios, edificios u hospitales, a lo largo del país. ¿Si es la función de una fundación construir viviendas o tener una universidad? ¿Por qué no? Reivindicar los sueños y los anhelos de sus hijos, parece la más hermosa y dulce de las reparaciones que pueden brindar y brindarse esas madres.

viernes, 20 de mayo de 2011

Discriminar al revés


En alguna redacción vernácula, mientras el jefe de redacción buscaba desesperadamente salvar del naufragio a una publicación que no estaba en un todo de acuerdo con el Gobierno Nacional. Era una noche de café y desvelo, y la cara del hombre no salía de las muecas habituales de quien, a esa altura, empieza a pensar en el próximo trabajo. Sin embargo, en un momento la cara parece sufrir una metamorfosis y la alegría se instala en su ser. –Tenemos que hacer una sección donde neguemos todo, pero en esas negaciones podamos dar información sin chequear, así no nos pueden hace juicio y decimos lo que queremos- sentenció el jefe casi sin mirar a sus interlocutores. La revista cerró dos números después, pero el hombre había sentado un precedente.
Casi un siglo antes, el psicoanálisis había dado a luz los mecanismos de defensa del subconsciente y la negación era la vedette de aquel grupo. La función de negar la pertenencia a un grupo al que realmente se pertenece, porque hacerlo se le hace insoportable, fue nombrada y clasificada por los seguidores de Freud.
De vuelta en el presente, a algún publicista con varios fiascos encima, se le ocurre invertir este mecanismo: mostrar las imágenes de personas a los que una ideología política tiende a denostar y declarar que esa parte de la sociedad también puede pertenecer a esa elite. Es decir, abrirle la puerta a los que no pertenecen y mostrarlos como parte, hacer clara la diferenciación y al final atraer al diferente a las arcas propias.
La nueva campaña a (¿presidente?) malograda y llevada a la candidatura a Jefe de Gobierno de Mauricio Macri muestra un par de cosas que vale la pena analizar. La primera fue la salida del monolítico color amarillo de los afiches, para que los pequeños triángulos de distintos colores tomen la posta de la multiplicidad y la integración (es por eso que pareciera una campaña a Presidente en lugar de Jefe de Gobierno) que el partido quiere demostrar.
Hasta aquí todo bien, el slogan “Sos Bienvenido” trata de reforzar la integración, pero en realidad la estrategia del publicista Duran Barba patina (como diríamos en el barrio) cuando elige el imaginario de las personas a incluir. Y exactamente allí donde cae en la discriminación inversa: una chica con pañuelo y flequillo que hace acordar a un “Stone” un poco más arreglado, un chico con un peinado punk pero rubio y de ojos claros o la del taxista prolijamente desarreglado y la señora con el mítico bastón floreado. Todos íconos de lo que Macri no representa, todos estereotipos no del todo bien hechos, aunque todos parecen sonreír ante tamaña discriminación.
La idea es clara y es darse un baño de populismo a ver si se puede ganar de una vez por todas la Ciudad de Buenos Aires en primera vuelta, ya que ir a ballotage puede ser altamente peligroso si todos los votos progresistas se suman y lo dejan sin nada. El problema radica cuando las campañas hiperprofesionalizadas parecen amateurs.
Ser diferente de los políticos habituales puede resultar novedoso, mover el cuerpo al ritmo de la música en un escenario, o poner en las mesas de campaña señoritas lindas que muy poco saben de política también, pero este tipo de campañas hacen parecer a Macri mucho más a aquel de las declaraciones xenófobas del Parque Indoamericano que al estadista moderno que quiere parecerse. Y eso, probablemente, no sea muy bienvenido por la sociedad.

sábado, 2 de abril de 2011

Renuncias


Acostumbrados al devenir de la política en la historia argentina, son muchas las interrupciones a los mandatos populares de la que fuimos testigos. Sin obviar los más tristes que remiten a salidas de gobierno mediadas con sangre, armas y posteriores períodos negros de nuestra historia; muchas de las interrupciones se dieron por una forma muy particular de sentar precedentes o posiciones sobre alguna de las políticas tomadas por el gobierno de turno: la renuncia. Mezcla rara entre altruismo, principios o, lisa y llanamente, falta de capacidad, este tipo de comportamiento ha tenido un protagonismo central en muchas de las instancias de la historia.
Entre las más importantes cabe recordar la primera de la historia, la forzada renuncia del Presidente Juarez Celman, post Revolución del Parque, o la salida prematura del Ejecutivo de Manuel Quintana, aunque todas esas instancias fueron empañadas por la sombra del Partido Autonomista Nacional y de Julio Argentino Roca, que por decisiones propias. En este sentido tampoco pueden ser de la partida las renuncias que hicieron Perón y Frondizi con los tanques en las puertas de la Casa Rosada, bajo amenaza de generar un baño de sangre en la población.
Sin embargo, existen llamativos casos en un mismo partido en el que las renuncias fueron una forma de hacer política y de sentar posiciones sobre el devenir de la coyuntura política. Desde su fundación, en manos de Leandro N. Alem y de su frase más famosa “que se rompa, pero que no se doble”, la Unión Cívica Radical hizo de la renuncia y los renunciamientos, una forma de hacer política.
Sin más preámbulos, su propio fundador hizo el primer renunciamiento de la historia del partido, al renunciar a su vida para no ceder a las presiones y las transformaciones que estaba sufriendo su partido en su propio seno. Ese primer episodio marcó a fuego la forma de hacer política de los hombres de boina blanca. Como si hubiera sido una premonición.
Dueños de una forma muy particular de representar a la población, los radicales se hicieron prontamente fama de excelentes legisladores, pero en el Ejecutivo sus experiencias no pudieron superar un final con naufragios. Se puede hablar como honrosa excepción la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen y esa continuación insípida y llena de un aura oligárquica como la de Marcelo de Alvear.
Las desaveniencias tuvieron su punto culminante en los últimos años con las renuncias a la Presidencia de la Nación de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, acuciados por las crisis económicas, falta de apoyo del establishment financiero y culpas propias por haberse alejado de la realidad, creyendo que de esa manera podrían llevar al terreno de la realidad lo que no era más que deseos.
Pero más allá de los naufragios administrativos, todo radical parece adquirir un gen con la afiliación, que le imprime la renuncia como una herramienta más de gestión, como una forma de mantener sus principios y no ensuciarse en la coyuntura política, pero a la vez, dejando a sus votantes sin representación para la cual fueron elegidos.
La renuncia de Ernesto Sanz a la interna del radicalismo de la última semana, muestra cómo su lectura de la realidad no es la mejor si es que quiere ser el candidato a presidente por su partido. Si todo es importante desde el principio, y los supuestos valores que representa su partido, parece mínimamente contraproducente renunciar a una elección ya pactada, simplemente por no ser el favorito en las encuestas, e intentar apostar a las internas abiertas de agosto con una imagen mejorada. De hecho excusas siempre van a sobrar, pero suena rara esta renuncia.
En una época donde los políticos están muy expuestos bajo la lupa de los medios, y en una de las etapas donde el radicalismo busca volver a hacer aquel partido fuerte que sostuvo en el bipartidismo histórico con el peronismo, actitudes como esta no suman para este retorno. Cobos, Alfornsín hijo y Sanz quieren ingresar a una oportunidad histórica de volver a tener un papel importante en la política (según las encuestas, ganar la presidencia parece una utopía) y con actitudes internas como esta, indefiniciones y la falta de claridad interna que se refleja hacia el exterior, no ayudan a que esto suceda. Sería hora de intentar renunciar a estas actitudes, si es que quieren ser nuevamente protagonistas.

sábado, 15 de enero de 2011

Definiciones de oposición


¿De qué hablamos cuando hablamos de oposición? ¿Qué es oponerse a algo o a alguien? ¿Qué se entiende por oposición constructiva o destructiva? ¿Se puede construir mientras se ejerce la oposición? Se hace muy difícil responder a estas consultas al tener como puntapié de esta nota una palabra con tantos significados a la vez. Oposición puede ser tomado desde distintas aristas, por ejemplo en el ajedrez se utiliza cuando los reyes están enfrentados y separados por una casilla. No tan parecida a la realidad política argentina como la anterior, la definición desde la astronomía se habla de dos cuerpos que se encuentran con respecto a la tierra diametralmente opuestos. En la selección de personal, incluso se usa el término cuando se encuentran distintas personas en proceso de selección para un puesto. Y por fin se puede encontrar la definición desde la política, que a grandes rasgos habla de fuerzas legislativas que son contrarias a las acciones del gobierno oficialista y que suelen ser antagónicas al espectro político del partido en funciones de administración.
Si de hilar fino se trata, cada una de las definiciones le aporta un poco de luz a la concepción que hoy se vislumbra en la Argentina del campo político partidario y las elecciones que se vienen en 2010. Ajedrecísticamente hablando, aquel viejo bipartidismo enfrentado con la casilla Argentina mediante ha sufrido una transmutación y se ha diversificado en distintas agrupaciones o alianzas cuyos integrantes, al fin y al cabo, responden claramente a alguna de esas dos ideologías base, con sus fracturas internas incluidas. Tal vez mediante una torre o un buen alfil, los reyes siguen teniendo la última palabra.
La astronomía aporta la definición de diametralmente opuestos, algo que en el Congreso de la Nación puede notarse y que no es una de las mejores contribuciones a la joven democracia argentina que sus representantes pueden hacerle. Desde el debate de la resolución 125 en adelante puede observarse uniones y desuniones de diputados y senadores que nada tienen que ver entre sí a nivel ideológico, pero que sin embargo unen fuerzas con el solo objetivo de vetar leyes propuestas por el Poder Ejecutivo. Visualizar a antiguos enemigos acérrimos como Menem y Carrió, Rodriguez Saá o Ernesto Sanz, sin olvidar la mano invisible de Duhalde, unidos para votar o vetar leyes que hacen al funcionamiento de un Gobierno elegido por el pueblo, hace pensar un poco si es verdadera la representación que el pueblo depositó en ellos. No parece ser justo que alguien que votó a Solanas vea con buenos ojos una alianza parlamentaria con los integrantes del Peronismo Federal. Por otro lado el oficialismo entiende que ante estas circunstancias, la mejor forma de ayudar al Ejecutivo es cerrar filas y no dar el debate que tal vez se necesitaría para mejorar leyes perfectibles que pueden ayudar mejor a la tarea de la Presidenta. Es decir la que definición política está bien, pero no como lo puede esperar un votante promedio.
Sin embargo, el problema que deberá enfrentar la oposición de aquí a las presidenciales de Octubre tiene que ver con la historia y cómo se ubicarán de allí hacia el futuro. Todos y cada uno de los participantes de la oposición fueron partícipes de una manera u otra en los fatídicos gobierno que se sucedieron entre 1989 y 2003. Algunos como titulares del proyecto trunco y el vaciamiento del menemismo, otros con el naufragio de la tan mentada Alianza o con los hechos de violencia e inseguridad proveniente del Estado en 2002. Esta historia sumada a la tibia reacción cuando gran parte de la sociedad empieza a sospechar de lazos con los grupos de poder y los grandes medios hegemónicos, el panorama no presenta un cielo despejado para ellos. Si a eso le sumamos que las armas que esgrime como “gobierno autoritario”, “modelo económico agotado” o “perpetuación en el poder” parecería que la oposición utiliza el mecanismo de defensa psicológico de proyección, donde uno califica al otro como realmente se ve a sí mismo. Habrá que ser demasiado creativo para poder levantar esta campaña electoral e intentar un cambio en este gobierno nacional. El 2011 comienza y la campaña promete ser para alquilar balcones.

viernes, 19 de noviembre de 2010

La importancia de las palabras


Desde principios del siglo pasado la psicología ha recabado abundante material teórico en torno a la mediación del discurso en el subconsciente de los seres humanos. Y si algo han demostrado esa gran cantidad de estudios es que nunca es inocente la elección de las palabras y cada una de ellas revelan algo más que el mensaje que uno quiere comunicar. Algunas de esas elecciones rondan nuestra sociedad hoy y pueden ser causantes de percepciones que no siempre tienen que ver con la realidad.
Uno de los casos más emblemáticos es el denominado “la gente”, nacido al calor del menemismo, a nivel social se ha convertido en una forma demasiado abarcativa de denominar a un grupo de personas y darle algún tipo de característica común. Pero ¿qué es la gente? ¿dónde encontramos ese grupo etario tan nombrado en los últimos años? ¿son realmente los representantes del grueso de la sociedad? La realidad es que esta forma de denominar a porciones de la población comenzó a ser frecuente hace unos 20 años y de a poco comenzó a meterse en la actualidad lingüística de todos los argentinos, desde la raíces de algunos pueblos que lo usaban para terminar una frase netamente numeral (ej: había 2500 gentes) hasta quienes le encuentran su principal antecesor en la palabra pueblo. Pero no es lo mismo decir que “una parte de la población no está de acuerdo con la política del gobierno”, que decir “la gente no quiere al gobierno y quiere que se vaya”. Así de significativo y fuerte puede ser la relación entre ambos razonamientos y la forma de jugar al líder de opinión o interpretador social puede ser mínimamente irresponsable. La facilidad de no dar nombres ni información debidamente chequeada lleva a utilizar este tipo de términos que pueden sonar a una mala medición de encuesta ya que el colectivo “la gente” es demasiado difuso en su composición.
De un modo similar muchos comunicadores se encuentran ante la tentación de verter las opiniones que emana “la calle”. Más allá de decir lo obvio que remite a que la calle es un ser inanimado y que se pueden encontrar en ella infinidad de ruidos pero ninguno que remita a alguna articulación sonora de idioma, usar la imagen totalizadora de que todos los habitantes de un país transitan la calle es un poco apresurado. Sin ir más lejos, son los mismos que ofrecen la opinión de la calle quienes abogan enfáticamente contra las manifestaciones populares que se dan en esa misma calle por obstruir la libre circulación de las personas (o en este caso bien puede ir “la gente”).
Otro de los puntos en los cuales las palabras son herramientas de construcción de estados de ánimo social que no siempre se conllevan con lo real o que logran magnificar ciertas situaciones y minimizar otras, tiene que ver con la crispación o el nivel de confrontación que tanto suele pregonar la oposición con respecto al Gobierno Nacional. Casos testigo han sido en los últimos tiempos la conducta del actual Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, quien en repetidas ocasiones ha pronunciado ser víctima de las agresiones del Gobierno, mientras él mismo repite todo tipo de improperios que no resisten ninguna investidura ejecutiva. Desde tirar del tren de la Argentina al fallecido Néstor Kirchner o hablar de “esa” al referirse a la Presidenta de la Nación. Entonces de dónde proviene realmente la crispación.
Entre las palabras mayormente bastardeadas por los medios de hoy, la militancia ha ganado todas las pantallas y las portadas en las dos últimas semanas. Desde la comparación con las juventudes hitlerianas hasta la vieja descalificación que son pagos por las esferas partidarias que los enrolan. Como suele decir un viejo militante de (valga la paradoja) la rama juvenil del justicialismo: “No sabés la cantidad de choripanes y vasos de vino que me deben”. Pensar en una juventud y una militancia que sea manejada, es entender muy poco de los valores y las creencias que tiene una persona sub 30. La necedad de pensar que todos los militantes pueden ser de una manera o de otra, es mostrar un autismo social demasiado evidente. Ni inmaculada juventud, ni juventud hitleriana (como diría Mariano Grondona); pero pensar que todos los jóvenes deben ser rentados, habla muy mal del pensamiento de quien emite esa frase.
Resumiendo y para evitar el palabrerío, es necesario a veces no repetir palabras que se dicen en cualquier parte y tomarse un minuto de más para pensar de dónde salen realmente las palabras y con qué intenciones se dicen o escriben. Tal vez solo de esa manera la calle opine lo que dice la gente y, militancia mediante, se pueda bajar un poco el nivel de confrontación en nuestro país.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Huérfanos

Nunca es bueno tratar de analizar un hecho desde los sentimientos, porque puede nublar el análisis, tener la cabeza fría y las ideas ordenadas hace que la tarea sea lo más objetiva posible. Pero hoy no es un día para las frías ideas, es un día para expresar las más cálidas ideas que brotan desde el corazón y desde lo más profundo del dolor. Dolor que tiene que ver con el desamparo, el futuro incierto y las ganas de trabajar por él. Dolor que se asemeja a la muerte del ser querido, del referente y del hombre que guía nuestros pasos. Hoy muchos argentinos sienten esta pérdida como la de un padre, muchos compatriotas hoy nos sentimos huérfanos. Néstor Kirchner no solo fue el hombre más importante desde la vuelta de la democracia (las estadísticas no me dejan mentir), sino que desde su ascenso a la Presidencia en 2003 devolvió a muchos jóvenes las ganas de volver a militar con alegría, saber que desde la participación se podían cambiar las cosas y que la política no era algo sucio que se desarrollaba por personas poco transparentes en oscuros escritorios inalcanzables. Néstor (como todos aprendimos a conocerlo) mostró a los jóvenes que el futuro estaba en la militancia y que la realidad se cambia desde adentro y sumando voluntades. Para hacer, que siempre fue su palabra favorita. Desde los comienzos de su desembarco a nivel nacional, en 2003, la palabra rectora del gobierno de Néstor Kirchner fue “inclusión”. No solo incluyó a la juventud a la política, sino que volvió a incluir a la política en la discusión del pueblo, incluyó los Derechos Humanos en la agenda de un gobierno nacional, logró finalmente incluir a todos los chicos del país cuando ya en la presidencia de Cristina se instauró la Asignación Universal por Hijo (paradójicamente mañana se cumple un año) y asegurar un futuro para esos niños que empezaban a acostumbrarse a ver salir a su padre todas las mañanas a trabajar. Incluir a nivel económico no es solo eso, sino incluir desde la dignidad y la esperanza de un futuro mejor. El cambio del sustantivo negativo por el verbo positivo también es uno de los grandes legados: Militar. Un político que siempre salió a la calle, a las provincias, a hablar con el pueblo y no gobernar desde un cómodo escritorio en la capital del país. Cuando muchos pedían la nueva política, Nestor mostró nuevas formas de sentir, hacer y mejorar. Luchar y poner el cuerpo, hasta el último aliento. Hoy siento el vacío más grande, hoy no creo que nadie tenga ganas de pensar en el futuro, hoy el dolor supera por varios cuerpos al pensamiento. Hoy me siento huérfano por segunda vez, hoy siento que la Argentina está huérfana por parte de padre y tiene una madre que tiene que apuntalar para que la siga guiando. Pero también América del Sur se debe sentir huérfana y deberá rehacerse para seguir adelante. Hoy sentí en carne propia la frase hecha “no lo puedo creer”, sigo esperando que salga en algún medio y con ese humor casi de estudiantina que tenía diga que todo fue una broma. Aunque hoy no creo que sea tiempo de bromas sino, como me dijo un compañero hace un rato, “llorarlo mucho, y después vemos”.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Recortar vs incluir



Reasignación de partidas. Ahorro. Maximización de recursos. Prioridades. Manejo de partidas. Evitar el desahorro. Pequeños esfuerzos. Profundas discusiones. Como muchos de los eufemismos que se han usado a lo largo de la historia reciente de la Argentina, todas las palabras conducen a una sola: Recorte.
En los últimos días este término marcó la delgada línea divisoria entre dos modelos de país. Por un lado quienes proponían un Estado eficiente, con una economía consolidada y en pleno crecimiento, de políticas inclusivas y proyectos de futuro mediante esa inclusión; contra el modelo de las viejas recetas neoliberales aplicadas en nuestro país desde mediados de la década del ´70 de la mano de Fondo Monetario Internacional y que propone como única receta la frialdad de los números, sin tomar en cuenta a las personas que hay detrás de ellos ni sus necesidades más básicas.
En un rincón los defensores del modelo económico instaurado en 2003 que sigue dando frutos tanto a los grandes empresarios como a los viejos olvidados y expulsados del sistema, que tomó como impulso (no sin errores en su proceso de avance) la inclusión como política de crecimiento y la participación en el mercado como forma de seguir dándole impulso al proceso económico y lograr así que el ciclo se retroalimentara. En el otro la siempre advertencia de no gastar las arcas públicas, desacelerar la economía y tratar de reducir al Estado a su mínima expresión.
La realidad del tratamiento del 82% móvil para los jubilados desenmascaró una de las realidades más crudas que vive el país y que va mucho más allá del encono que pueda tener la oposición ante el gobierno. Aquí se pueden ver ideologías en su punto más puro, si se rasca un poco la superficie de enojos y discursos un tanto efervescentes.
Desde las declaraciones del Vicepresidente Julio Cobos, al pedir una “profunda discusión” para saber de dónde se sacarán los fondos (entre 28 y 40 mil millones según distintas estimaciones) o las del radical Gerardo Morales al deslizar que si no se pagara la Asignación Universal por Hijo, se ganaría gran parte del dinero para el incremento a jubilaciones y pensiones. También se ha escuchado en tono de acusación que si el dinero de la Anses solo se usara para pagar jubilaciones, alcanzaría. Es decir que todas las voces llegan al mismo lugar, recortar partidas que ya existen, sacar de un lugar para poner en otro sin mirar más allá. Algo así como echar mano de un bolsillo para rellenar otro, aunque este se quede vacío.
Algo distinto plantea hoy la administración de la Anses, que invierte parte de su dinero y el tan mentado Fondo de Sustentabilidad creado con el dinero y los valores que llegaron con la estatización de las AFJP para fomentar la industria. Y el cálculo es sencillo: a mayor inversión en la industria, más puestos de trabajo que se crean. A mayor cantidad de nuevos puestos laborales, mayor cantidad de aportes y así, a mayor cantidad de aportes el sistema provisional tiene mayor capacidad de autofinanciarse y poder afrontar los beneficios para una población que tiene cada día mayor expectativa de vida y mayor tiempo percibiendo jubilaciones y pensiones. Por otro lado, la Anses no sólo se financia con los aportes de los trabajadores en actividad, recibe también partidas del cobro del IVA o del impuesto a las ganancias, entre otros. Por lo tanto, en este caso, a mayor inversión, mayor cantidad de aportes, mayor consumo y mayor demanda. La rueda económica gira y se retroalimenta.
No parece necesario caer en la vieja polémica de decir que estos mismos legisladores que hoy votan el 82% móvil fueron los que le sacaron el 13% a los jubilados en 2001. Pero la ideologización de estos hombres y mujeres para buscar soluciones lleva a pensar que su aprendizaje político remite más a los años del reinado del FMI que a la búsqueda de soluciones más mundanas y fuera de los libros que coquetean con el neoliberalismo. La comparación con la política económica que se instauró en 2003 (para se más exactos mediados de 2002) no da mucho espacio a discusiones. La propuesta de un Estado que da superávit, que produce gasto público como política de crecimiento y que puede hacer frente a compromisos internacionales para adquirir previsibilidad en el mundo y atraer inversiones, no deja demasiadas dudas a nivel económico.
Es por eso que la disyuntiva de hoy entre estos dos modelos económicos no debería dejar lugar a dudas. En esta época donde la verdadera información escasea, se hace necesario abstraerse un poco de los medios y ponerse a pensar cómo estábamos hace 9 años y cómo estamos ahora. Tal vez ese sea el mejor ejercicio.