"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

viernes, 10 de septiembre de 2010

La muerte de la verdad


Todo cambio social trae aparejado un sinnúmero de resistencias de los integrantes de una sociedad. El estadío de transición entre uno y otro eslabón del devenir cultural puede acarrear un período de confusión y reacomodamiento. Puntualmente durante esa transición conviven factores antiguos y nuevos que se reacomodan mutuamente para llegar a la refuncionalización final que da comienzo a una nueva era. Se puede inferir entonces que este proceso es infinito y que el final de una etapa implica el principio de otra y que pueden llegar a darse gran cantidad de ellas al mismo tiempo.
En el mundo en general y en Argentina en particular uno de esos procesos de cambio en la sociedad es hoy noticia cotidiana, pero no está tomada en toda su dimensión. Estamos hablando ni más ni menos que de los medios de comunicación y su inserción en la cultura como factores de producción de verdad. Aunque ya muy remanida la discusión desde los años `70, es hoy donde se hace carne en las sociedad lo que muchos autores hablan como la muerte de la realidad en manos de los medios de comunicación.
Una de las principales características de los `90, más allá de la multiplicación de los medios de comunicación de la mano de las nuevas tecnologías; es que las empresas periodísticas sufrieron una seria transformación a nivel mundial gracias a las nuevas estrategias de marketing y la fusión empresarial a la que no fueron ajenos los mass media. Este nuevo mapa mediático (tomando la palabra en su verdadero significado) trajo una nueva forma de ver, producir y analizar diarios, televisión, radios y nuevos medios como internet.
La libertad de prensa comenzó a darle lugar a la libertad de empresa y periodistas que tenían una cierta autonomía de su medio y podían ejercer su opinión desde ese soporte, se empezaron a alinear a la opinión corporativa de la empresa medial y dejaron un poco de lado una cierta libertad para opinar en su seno. Esta conducta implica del lado del lector/oyente/espectador una cambio de hábito para informarse y obtener la suficiente información que antes podía obtener en ese único medio electo en exclusividad y favoritismo.
Entonces la verdad o la realidad de cada uno de los medios se mercantiliza y comienza a ofrecerse en el mercado en una espiral de consumo que lo asemeja más a un producto para lavar ropa que un medio para informarse y tomar decisiones en el trajinar de la vida social. Pero, de esa manera, la realidad para un habitante comienza a ser construida desde el medio elegido para informarse y puede distanciar a la propia persona de la realidad como ente primordial del reflejo de lo que ocurre o acontece en una sociedad. Y si se comienza a hilar más fino, la sociedad puede ser plausible de manipulación por parte de estas empresas periodísticas llegado el caso que esto ocurra.
Por lo tanto es menester, en esta sociedad moderna, tomar nota de los cambios que se producen y ejercer nuevas formas de obtener información para vivir en sociedad. Es decir que para hacerse cargo de esta nueva noción de realidad es indispensable tomar en cuenta el medio que uno elije y el bagaje que la empresa periodística le imprime al producto, sin descartar poder tener acceso a distintos productos de distintas empresas para poder ejercer un resumen crítico y obtener una visión propia de lo real o vulgarmente conocido como “lo que pasa”.
Ahora, ¿está preparado el hombre de hoy en día para tomarse semejante trabajo? Lamentablemente no hay una respuesta precisa pero sí varios indicios. En primer lugar el acceso a distintos medios de información gracias a internet y la digitalización de todos los soportes mediales amplía el abanico, aunque dicho acceso no es todavía todo lo masivo que puede llegar a ser con respecto a sus competidores tradicionales. Por otro lado sigue existiendo una fidelización a un medio, ya sea por historias compartidas, por afecto hacia los periodistas o por simple acostumbramiento del espectador/lector para abstraerse de sus sentimientos y abordar la información con espíritu crítico.
De igual manera, por moda u otro tipo de presión cultural, muchos de los medios de comunicación están fomentando la visión crítica. Aunque todavía la sociedad está en la transición y mucho queda por trajinar para llegar a ese nuevo estadío. Mientras la realidad pueda estar de un lado u otro, o en ningún lado.

miércoles, 28 de julio de 2010

La falacia de la nueva política


Cuando el recuerdo fresco de los acontecimientos del 20 y 21 de diciembre arreciaba todavía la memoria de cada uno de los argentinos, muchos hombres comenzaban a asomar sus caras al fuero de lo político bajo un lema que hoy ya suena vetusto: La nueva política.
A la vieja imagen del hombre fuerte que había desarrollado toda su formación política dentro de la militancia de alguno de los partidos políticos, en ese momento caídos en desgracia, se le opuso un nuevo modelo de representante del pueblo venido de las altas cumbres empresariales, hombres exitosos que llegaban a la política con un modelo que en todo momento se integraban de la palabra eficiencia. Con modales fuera de lo común en los escenarios vernáculos, carisma, sonrisas y bastante desparpajo a la hora de hablar de un proyecto a presentar. De política, poco y nada. La imagen reinaba por sobre todas las cosas a la hora de ejercer el acto del sufragio.
Pero como en todos los casos existen viejos refranes que lo explican todo: “Cuidado con lo que deseas porque puede convertirse en realidad”. Y en el momento de mostrar en cargos ejecutivos o legislativos toda la honestidad, los proyectos y la eficiencia que traían de sus exitosísimas empresas, se encontraron con sus miserias y su falta de preparación para la función pública. El Estado no es una empresa, maneja otras posturas ideológicas, no todo lo que se emprende está destinado a dar ganancias y no todas las inversiones deben dar algún tipo de rédito monetario. De hecho todo lo contrario, la existencia de la obligación de la contención social, la facultad de tener que mediar entre la propiedad privada y la propiedad común, la necesidad de brindar de manera solidaria salud y educación a cualquier persona que se encuentre en su distrito, sea de donde sea, son responsabilidades inherentes al Estado.
También la participación de esta nueva generación de empresarios-políticos en el Poder Legislativo ha mostrado una nueva forma de hacer política. Desde los albores de la República quien tenía el honor de ser electo para integrar las filas del Congreso Nacional era portador de la obligación de presenciar y votar las sesiones de las leyes en el recinto como representante de quienes los habían votado. Aunque suene casi una definición para un niño de 6 años, ejercer la función de diputado o senador desde los medios y tener menos de un 30% de asistencia al recinto no es precisamente ser el portador de la representación de un grupo de votantes.
La capacidad de tener mucho poder concentrado en una empresa también puede hacer nublar la mente desde la función pública. Por un lado se debe tener en cuenta que un político brinda un servicio a la sociedad y no se sirve de ella. Y por el otro, un nuevo refrán (hoy estamos refraneros) dice: “Un hombre poderoso se asemeja al hombre que mira desde el pico de la montaña más alta: desde la altura ve a los hombres que están abajo muy pequeños, y los de abajo lo ven muy pequeño a él”. Creer que quien detenta el poder (ocasional porque el duradero lo tiene el pueblo) puede realizar cualquier tipo de maniobra sin rendirle cuentas a nadie es una visión un tanto autista y responde más a un niño caprichoso que quiere un juguete que a un representante del pueblo.
Lo que finalmente trajo el 2001 fue una renovación de algunas maneras y formas de detentar el poder y la representatividad. La participación popular comenzó a ser saludablemente más activa y los políticos tuvieron que enfrentarse a esa particular conducta que se llama “rendir cuentas de sus acciones”. Como todo emergente de la conducta social también tuvo sus desviaciones como el caso de los nuevos empresarios que se llamaron representantes de la nueva política. Ellos, criados en el autismo social de los `90, también deberán hacerlo. Aunque uno siempre puede preguntarse qué hubiera pasado con estos hombres en el poder 20 años atrás.

lunes, 19 de julio de 2010

Leyes, usos y costumbres


La ley del matrimonio igualitario ya es una realidad. Mucha agua pudo correr bajo el puente de palabras tan fundamentales para la sociedad argentina como familia, matrimonio, amor y tolerancia. También hemos asistido a un sinnúmero de actores sociales que no tienen mucho que ver con una discusión sobre la igualación de derechos de habitantes de una nación más allá de su elección sexual. Iglesia, entidades de protección de la familia u otros representantes que dicen proteger los intereses infantiles, no parecen tener directa relación con el tema que se trató. Pero como todo tiene siempre que ver con todo y el periodismo es en alguna forma servicio, pero han hecho cargo a la sociedad de muchos, demasiados, juicios de valor que al parecer pueden tener sentido aunque no sea así en lo absoluto.
Una de los primeros grandes miedos que a priori dicen tener algunos de los discutibles líderes de opinión que pulularon por los medios en los últimos días implica que la familia va a dejar de serlo influidos por esa especie de plaga como denominan a la homosexualidad. Bien, este tema trae muchas aristas en su viaje de los miedos injustificados hacia la realidad. En primer término, se está hablando de un estadío a futuro que no es tal ya que muchas familias constituidas con dos padres o dos madres ya existen y estaban acéfalas de legislación en el caso de quien tuviera la patria potestad del menor, el otro padre o madre no tendría ningún derecho legal sobre el niño que, legislación hasta el miércoles mediante, debería ir a un instituto de menores y esperar una nueva adopción. Es decir que la ley de matrimonio igualitario vino a mejorar un vacío legal.
Otro de los miedos implementados versa alrededor de posibles desviaciones sexuales de los menores hijos de un matrimonio integrados por personas del mismo sexo. Aunque no hay demasiados estudios realizados (por qué debería de haberlos) muestran que las únicas diferencias entre niños criados por parejas heterosexuales y homosexuales se da a favor de los segundos por su mejor relación con niños más pequeños que ellos. Y si se tiene en cuenta que todos los hombres y mujeres que sienten atracción por personas del mismo sexo se han criado en su casi totalidad en familias de personas heterosexuales, no se puede pretender que haya un mayor porcentaje de hijos inclinados hacia la homosexualidad por tener padres o madres de esa condición. Que quede claro, la homosexualidad es una inclinación natural y de sentimientos hacia personas del mismo sexo, es decir que se siente y no es posible ser educado para ello. Muchos padres de hijos gays que no les gusta que sus hijos sientan eso, lo pueden atestiguar.
Hay, también, miedos con los que se intentó convencer a la población de no apoyar esta nueva ley y tienen que ver con la vida y la participación de los chicos en la sociedad. En primer lugar, y aunque cualquier padre quiera evitarlo, la crueldad de los chicos cuando interactúan en la escuela, club, barrio u otro escenario es inevitable y es también parte del aprendizaje social de todos. Ahora, cuál es la mejor forma de que esos chicos dejen de sufrir discriminación por pertenecer a un grupo social minoritario es simplemente eso, sentar las normas desde el Estado para que estas situaciones sean cada día más comunes y la sociedad crezca en educación y tolerancia de la mano de las Instituciones. Que quede claro, si algún niño discrimina es problema suyo y de su familia, no del discriminado.
Y por último, la iglesia, que llamó a una guerra de Dios contra una ley que permite algo que para ellos es antinatural, aunque nadie los obligue a casar por iglesia a personas del mismo sexo, sino que solo aplica al Código Civil que se separó de la Iglesia hace ya 130 años. Tan luego una Iglesia de la cual el propio Papa habló hace pocos meses del grave problema que tiene con los sacerdotes pedófilos. La pedofilia aplica tanto, al parecer, a curas, padres y madres heterosexuales como homosexuales; es decir que si alguien es perverso o pedófilo, no tiene que ver con su orientación sexual sino con una enfermedad. Los enfermos son ellos.
La banda de rock más revolucionaria del mundo cantó haya por finales de los ’60: “Todo lo que necesitas es amor”. Y de eso se trata, de proteger y bañar con la protectora vara del derecho y la ley cualquiera de las manifestaciones de ese amor. Estar o no de acuerdo no es el problema, sino darse cuenta que existe el otro, ponerse en su lugar y tratar de comprenderlo, no prejuzgarlo, discriminarlo o estereotiparlo. Y de esa manera convertir una ley en un uso y costumbre que ayudará a madurar a nuestra sociedad.

sábado, 26 de junio de 2010

Fútbol


¿Qué es el fútbol?¿Cuál es su verdadera esencia?¿La del jugador que da la vida por su camiseta o la del empresario que llena sus bolsillos y toma a esa persona como una mercancía más?¿Dónde encontrar la génesis y los valores que llevan a este simple deporte a no conocer de fronteras y erigirse como el más importante del planeta Tierra?
Es raro encontrar un deporte cuyas raíces no hayan nacido en las clases altas, que tenían el suficiente tiempo de ocio dentro de sus tareas de subsistencia para poder generar algún tipo de aporte a la cultura desde las actividades físicas. El fútbol no fue la excepción y nació dentro de la aristocracia inglesa, puntualmente dentro de las escuelas privadas de primer nivel en el apogeo de la post revolución industrial y el ingreso al imperialismo que acompañaría a la corona británica durante el siguiente siglo. Lo raro de este deporte es la forma en que fue tomado por las clases populares y practicado hasta el hartazgo, de tal manera, que los países claramente emergentes fueron quienes rápidamente dominaron su práctica y relegaron del favoritismo a quienes lo inventaron o le dieron un marco normativo.
Esa es una de las primeras características salientes del fútbol a nivel mundial, ya sea por la facilidad de cobijar a 22 personas con una sola pelota o por la practicidad de poder improvisar un arco con dos remeras, los países que se conocen como poderosos en el deporte no coinciden para nada con las naciones más poderosas del mundo. Los Estados Unidos están dando sus primeros pasos y siguen siendo un participante menor del fútbol mundial, Inglaterra navega en su propia mediocridad hace años, las grandes naciones europeas (a excepción de Alemania) no logran mantenerse en la cima del mundo y pagan su falta de continuidad con decepciones casi pegadas a algún campeonato y los poderosos países asiáticos siguen en deuda si en algún momento fueron promesa. Distintos son los casos de las naciones emergentes, sobre todo de Sudamérica (claramente encabezados por Argentina y Brasil) y la promesa que crece lentamente pero sin pausa en las entrañas de África. El fútbol propicia esa dulce venganza contra quienes han manejado hasta hoy los hilos del mundo.
La pasión popular es la clave de países como el nuestro, que ven en el fútbol un reflejo de su forma de vivir. No en la remanida frase de “se juega como se vive”, sino en un aspecto mucho más profundo. En realidad se juega como se puede, no importa la forma y mirando solamente el objetivo; la Argentina hace rato que se volvió resultadista en la vida y se olvidó del cómo se hacen las cosas. “El fin justifica los medios” es claramente el paralelo a “ganar es lo más importante”. Aunque, nobleza obliga, se puede encontrar un cambio viendo al equipo de Maradona en el mundial y la alegría que el pueblo comienza a mostrar en la calle hace que una embrionaria esperanza comience a teñir el destino cercano del país.
Por lo tanto, la pasión y la alegría son características fundamentales para encarar tanto una contienda deportiva como la vida de un país. Que no le quiten la alegría al pueblo es la idea fundamental del progreso de una nación. Un pueblo feliz hace que sea más proclive a la unidad, que sea más proclive a la unidad hace que sea mucho menos vulnerable y la falta de vulnerabilidad lo erige como un pueblo que se hace cargo de su historia y sus costumbres para darle pelea al futuro con muchas y mejores armas.
Entonces volvamos al principio ¿qué es el fútbol? El fútbol sigue siendo el barrio, los amigos que forjaron nuestra infancia, las primeras competencias, las primeras peleas o las desilusiones. El fútbol sigue siendo mi viejo que ya no está, las tardes compartidas en la cancha, los partidos de los mundiales pegados a la tele, los eternos abrazos ante cada gol del equipo de nuestros amores y la eterna discusión de distintas generaciones que veían y sentían el fútbol de manera muy distinta. También el fútbol significa las primeras ilusiones truncadas de querer ser jugador, las maratónicas tardes en las canchas del ascenso cuando daba mis primeros pasos como periodista, la emoción hasta el llanto de aquel gol de Burruchaga que nos hizo campeones del mundo o la inmensa felicidad de decirle a mis hijos que yo pude estar varias veces en una chancha viendo en vivo a Diego Maradona. Todas esas cosas rodean al fútbol y hacen que no importe ni el negocio, ni el dinero ni nada. Pero su esencia está muy lejos de todo eso y no se aloja ni en las teorías, ni en el análisis, ni en la política; lo que hace realmente grande al fútbol descansa los sentimientos.

lunes, 7 de junio de 2010

El día después


Nunca estuve seguro de qué mérito encierra que una profesión tenga su día. Tal vez su participación en el devenir de la historia o la figura que engloba un representante ilustre de la ocupación; o simplemente un espacio más a llenar en los calendarios para mover la aguja del comercio vernáculo. En fin, demasiadas pueden ser las causas para que una fecha en el año esté dedicada a quienes se dedican a algún tipo de actividad, aunque sus orígenes pueden dar una cabal muestra de la génesis y el desarrollo de esa profesión.
Explorar los acontecimientos que dieron comienzo al día del Periodista nos llevan al 7 de Junio de 1810, a la primera edición del diario La Gazeta de Buenos Ayres (tal cual era su nombre) y a la actividad de su fundador: Mariano Moreno. Dicho medio fue aprobado gracias a un decreto por la Primera Junta de Gobierno para poder difundir las actividades de gobierno y así formar una conciencia ante los intentos de desestabilización realista. Aunque no haya sido el primer medio periodístico creado en Buenos Aires (recordar el Telégrafo Mercantil 9 años antes) ni Mariano Moreno sea un gran ejemplo del periodismo, o no solo esa actividad de uno de los hombres más importantes de nuestra historia; esa imagen quedó plasmada en el transcurso de los años como algo instalado.
La situación socioeconómica de 1810 distaba bastante con la de hoy en día, la Junta de gobierno venía a modificar la instauración de un sistema económico colonialista que le daba la exclusividad a España y penaba el comercio con otros países. Ante la pérdida de este negocio, la madre patria comienza un plan de ataque hacia el otrora Virreinato del Río de la Plata que no se quedó en maniobras de guerra directa, sino otra batería de maniobras de inteligencia que intentaban magnificar conflictos de la población con el nuevo gobierno. Es decir que los medios de comunicación en Argentina no tuvieron el comienzo inmaculado de la búsqueda de la verdad, sino que fueron una herramienta de gestión política y manejo de poder.
En el aniversario número 200 (por no decir Bicentenario) de aquel fundacional periódico, los periodistas argentinos seguimos bajo la disyuntiva de buscar la verdad o seguir siendo rehenes de los poderes de turno. Tal vez ya no sea tan visible uno u otro bando, pero los grandes monopolios informativos siguen tratando de imponer una visión de la realidad (claramente la más proclive a sus intereses) contra otras visiones que, nobleza obliga decirlo, tratan de mirar la situación del país con una mirada que viborea entre la búsqueda de la realidad y la necesidad de diferenciación de los conglomerados mediáticos. En la suerte de campo de batalla que se produce cuando ambos emisores toman estado público, unos son tildados de mercenarios y los otros de proclives a intereses gubernamentales. Y aunque haya una mayor concentración de un lado por lo que su llegada a la población sea mucho mayor; la existencia de este pequeño grupo emergente que contradice su visión del mundo, hace que la pluralidad esté garantizada. Imperfecta pero garantizada.
Por el otro lado llega la Ley de Medios, muy discutida fuera del mundo del periodismo y las corporaciones económicas a las que no beneficia, y absolutamente abalada por quienes ejercemos esta profesión sin presiones corporativas y multimediales. Más allá de las quejas de quienes hoy se encuentran fuera de la ley, esta nueva ley de la democracia (de más está decir que la anterior fue decretada por la última dictadura militar) se presenta como una bocanada de aire fresco para los periodistas que buscan ejercer su vocación con los valores que ella representa y muchos de los que hoy no tienen trabajo por estar excluidos de los grandes monopolios que manejan tanto los contenidos como las condiciones de contratación.
Es verdad que no es un Día del Periodista más, el año 201 del periodismo argentino deberá ser el año en el que la profesión dio el paso fundacional hacia la libertad de expresión bien entendida y de la liberación del monopolio de la palabra y de la construcción de realidad. De todos nosotros depende que este deseo se convierta en realidad.

lunes, 17 de mayo de 2010

Una receta contra la inseguridad


Muchas veces quienes no estamos a favor de atacar los problemas estructurales de una nación con represión o violencia, hemos machacado una y mil veces el camino para mejorar una situación que no conoce de recetas mágicas y que, como todo lo que vale y dura, lleva un tiempo cambiarlo. Pero también muchas veces esas verdades chocaban de frente y a velocidad con las urgencias o el oportunismo de quienes deben representar a quienes los votan. Es, tal vez, necesario un baño de verdad para que las ideas permitan que el cielo aclare y se pueda vislumbrar un poco mejor el indicador de llegada al final de ese largo camino. Hoy parece ser que somos testigos de cómo aclara el cielo.
En épocas donde comienzan a caer las viejas ideas sobre el progreso y el neoliberalismo como única política de progreso y bienestar, la realidad nos sigue demostrando algo distinto. Cuando los avatares de la crisis económica y social que sufrió la Argentina comenzaron a menguar, una de las más graves consecuencias que nos dejó el profundo empobrecimiento de la población fue el supuesto crecimiento (en algunos casos magnificación) de la inseguridad. Muchos fueron los personajes que eligieron saltar a la fama como los adalides de la seguridad y propusieron recetas que proponían nada más (y nada menos) que mayor represión para estos hechos, mayor población en las cárceles y mayores alternativas para florearse en cualquier medio mientras ingresaban a un acusado de robo en un patrullero.
De nada parecía servir la incesante prédica que otros preferíamos hacer desde otros medios, diciendo que el problema era de fondo y no a corto plazo. Que al disminuir la brecha entre los que más y menos tienen, sumado a una lucha fuerte contra la pobreza y la indigencia; la inseguridad se reduciría por el propio peso de la situación económica. Nadie pecaba de permisivo ni nada por el estilo, simplemente se pedía hacer cumplir la ley, pero desde un Estado que ofreciera alternativas para quienes se encontraban fuera del sistema y usar como herramienta de esa inclusión la educación, sobre todo en los sectores más vulnerables.
Hace pocos días, un estudio realizado por el Conicet hizo un muestreo de cómo impactó la Asignación Universal por Hijo en los sectores menos protegidos de la Argentina. Y vale en esto marcar algunos pequeños datos como que la indigencia bajó entre un 68 y un 54% sobre todo en las provincias del norte de nuestro país, tanto así como quienes se encontraban bajo la línea de pobreza y lograron trasvasarla entre un 32 y un 13% dependiendo de los índices tomados para el estudio. Solo tomando los límites más bajos de estos porcentajes, el nivel de acortamiento de la brecha entre los que más y menos dinero poseen se acortó de una manera escandalosa.
Más allá de estos datos, que no tienen que ver con el nudo de esta argumentación, los 3.677.409 chicos que en Mayo van a recibir la Asignación Universal por hijo con la sola contrapartida de ir a la escuela y hacerse estudios médicos que tienen que ver con el mismo sistema educativo, van a contar con mayor cantidad de herramientas en el futuro para poder elegir y vivir mejor que sus padres, y lograr la dignidad con más y mejores armas. El crecimiento de la matriculación escolar en un 25% hace vislumbrar una esperanza de un horizonte con mayores oportunidades. Porque un chico que come sus comidas, va a la escuela y recibe los valores de una familia en la que se generó un bienestar con este ingreso y confiará en un Estado que lo protege y le da sustento desde su papel fundamental.
La medida que también fue la responsable de una reactivación del mercado interno demuestra cómo las recetas neoliberales no son la solución para las economías acorraladas por sus propias recetas, que reactivar y ejercer seguridad social pueden ir de la mano y que el gasto público puede convertirse en inversión pública como en este caso. La mejor inversión que un Estado puede hacer para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, y para mejorar aquella inseguridad que tanta represión pidió en aquellos primeros años de la década. Esta será la mejor receta contra la inseguridad.

martes, 20 de abril de 2010

Algunas consideraciones sobre la teoría de los dos demonios


En estos días donde volvió a boca de todos, el pasado más violento y sangriento de nuestro país, las heridas que parecían cerradas no siempre muestran su sanación. Por más que el objetivo del recuerdo estuviera fuertemente cumplido (la memoria y el pedido de verdad y justicia estuvo en boca de todos) algunas voces que en otros tiempos preferían el silencio y la ignorancia a estas movilizaciones de una parte de la Nación, se hicieron escuchar.
La idea de la teoría de los dos demonios vuelve una y otra vez para quienes no están de acuerdo con el pedido de justicia ante 30.000 personas que perdieron la vida a manos de un Estado Nacional (viciado de nulidad por ilegítimo, pero Estado al fin).
Frases como “esta es la memoria de una sola mitad” o “también murieron muchos del otro bando”, incluso “¿nadie habla de las víctimas de la guerrilla?”. Todas expresiones cargadas de ideología aunque disfrazadas de clamor de justicia; pero también de un facilismo demasiado evidente ante los hechos que surcaron nuestra historia en los años ´70. Es menester hacer un planteo superador de esa hipótesis que se impuso en los albores del gobierno radical de Raúl Alfonsín.
En principio, para que hubiera realmente una visión de “dos demonios”, se debería partir de un plano de igualdad. Y justamente no se puede hablar de dos bandos cuando uno de ellos tiene que ver con un Estado Nacional. Esta especie de Ejecutivo usurpado por los Fuerzas Armadas tiene la totalidad del Aparato Represivo del Estado, es decir que tiene las armas, los tanques, los aviones, los patrulleros y los grupos de Fuerzas Armadas, justo con las instalaciones preparadas para el ejercicio de la represión en un país (represión en el término positivo, al servicio de la continuidad de las normas vigentes en una sociedad).
Otro punto es el uso que un Estado le da a ese aparato con el que cuenta. Usarlo en la más clara vigencia de la ley y respetando cada uno de los pasos que esto implica, chocó en épocas de dictadura militar con la utilización totalmente ilegal y hasta macabro de dicha disponibilidad de estructura. Las torturas, los secuestros, el ensañamiento, las violaciones graves a los Derechos Humanos y los asesinatos han hecho que esta etapa de la historia sea la más sangrienta de la historia.
“Bueno –diría alguno de los cultores de los “Dos demonios”-todo lo que hizo la dictadura me parece aberrante, pero muchos inocentes perdieron la vida en atentados de las guerrillas”. Un punto indiscutible para seguir con la corriente del “algo habrán hecho”, pero no estamos hablando aquí de acciones delictivas con las que nadie está de acuerdo y que obviamente deben recibir todo el peso de la ley. La cuestión va un poco más allá, sería muy fácil decir que los 30.000 desaparecidos tenían participación directa en los atentados perpetrados por las organizaciones guerrilleras y que esto no obedece a un plan de exterminación que fue mucho más allá de castigar culpables y se encargó de hacer desaparecer a una generación más con tintes ideológicos que de otro tipo. Pero sería no obedecer a un contexto mundial que imperaba en los ´70; Estados Unidos apoyaba cualquier aventura que tratara de cortar el avance comunista (o lo que ellos creían comunista) en cualquier parte del mundo. A veces de la manera más absurda.
También es correcto recordar que, muchos de los integrantes de organizaciones guerrilleras fueron juzgados en democracia y se vieron beneficiados por los indultos de Carlos Menem en 1989. Es decir que las condenas a quienes infringieron la ley fueron firmes y no fue que alegremente nunca fueron imputados.
En estos tiempos en los que los medios de comunicación sufren una constante supervisión sobre sus ideologías e ideales, conviene sentarse a pensar sobre este tipo de cosas y no optar por la explicación más fácil de repetir. Si una porción de la sociedad pide la otra mitad de la historia, basta con que relean los diarios de aquella época que daban cuenta de una versión que no tenía que ver demasiado con la realidad. Cualquier semejanza con los medios de hoy es pura coincidencia.