"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

sábado, 27 de septiembre de 2008

Lo viejo y lo tradicional


La melancolía es una de las adjetivaciones que más nos definen a los porteños. Esa suerte de añoranza de todo pasado mejor, instaurada en la humedad de sus calles y sus viejas tradiciones con las que el huracán de la modernidad todavía no pudo. La impronta del arrabal, los faroles y las casas chorizo son solo parte de aquel viejo Buenos Aires que más de uno recuerda y se le comprime la garganta hasta formar un nudo.
La otra Buenos Aires que se erigió en las últimas décadas le discute terreno en una guerra silenciosa que se produce todos los días en calles y avenidas. El conflicto ya ha tenido muchos mártires que cedieron ante las topadoras y algunos otros que sufrieron heridas en los cimientos tras ser excavados más de la cuenta desde los terrenos lindantes. Pero la construcción de propiedades por el déficit ocupacional de Buenos Aires no solo tiene como resultado la proliferación de edificios en lo alto del cielo porteño. Este fenómeno conlleva problemas del estilo edilicio y funcional de la Ciudad; pero esta nueva forma de construcción irrestricta puede, también,dejar declarado un colapso de los servicios públicos. La estructura de Buenos Aires está al límite, y multiplicar por 40 la cantidad de instalaciones de luz, gas y agua para construir una megatorre no hace más que contribuir a colapsar sus caños.
Sin embargo, en estas épocas donde un sesudo slogan podría ser "Buenos Aires, Buenos Negocios", el debate trata de ponerse en el plano de modernidad, en detrimento de lo viejo. Como si aquella parte de la ciudad donde el paisaje parece haber quedado inherte en el tiempo, fuera un signo de atraso en lugar de una parte tradicional e histórica que los porteños atesoramos como testimonio de la cultura.
Al menos esos piensan los vecinos de la próxima víctima del "progreso", San Telmo. Este barrio es el casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires, que recibió a los primeros caserones de la etapa colonial y que supo llenarse de palacios de las familias adineradas hasta la fuga por la fiebre amarilla. Luego copado por los inmigrantes que le dieron forma de conventillos a esos grandes palacetes, el barrio guarda mucho de la arquitectura de esos años. Los adoquines históricos de sus calles encierran mil historias de la bohemia porteña y del nacimiento del arrabal en cercanías del puerto. Hoy, el Gobierno Porteño quiere hacer peatonal una de sus arterias principales, la calle Defensa. Y con ese intento poco feliz de fomentar el turismo en la zona y llevarle un halo de modernidad, con megaproyectos hoteleros y gastronómicos, se está perdiendo de vista el principal atractivo del lugar, su emplazamiento histórico. El impacto que sufriría San Telmo con un proyecto de ese calibre y el cambio de paisaje puede llegar a ser contraproducente con el cremiento del barrio. Mejor sería hablar de una planificación seria de restauración de edificios para embellecer la escenografía de por sí pintoresca, algo que algunos gobiernos anteriores de Buenos Aires habían comenzado a esbozar, pero no terminaron de ejecutar.
El mal de confundir viejo por tradicional tiene mucho tiempo en la historia de nuestro país. La demolición parcial o total de edificios históricos bajo la retórica de la modernidad ha hecho estragos en la Argentina. Vale como ejemplo las demolición y posterior reconstrucción de la Casa de Tucumán y las transformaciones del Cabildo de Buenos Aires, que perdió la torre en una refacción y hubo que hacerla nuevamente. Si los dos monumentos más importantes de nuestra Nación sufrieron esa suerte, no es de esperar que lugares de menor contexto simbólico sean desechados por las aplanadoras de lo moderno. Paradójicamente la historia de Argentina ha hecho lo mismo indefinidas veces con las ideas, las construcciones políticas y las ideológicas. Parece una coincidencia casi sarcástica que nunca haya habido un plan político que haya resistido más allá de lo que duró un mandato presidencial; y ni que hablar de las topadoras manchadas de sangre de los golpes militares sistemáticos.
Ciertas ironías del destino se suceden en paralelo en un país y suelen tener la misma solución. Es hora de armar un plan a largo plazo, bien planificado y con etapas ciertas a cumplir para que nunca más suframos un derrumbe y que nuestros cimientos solo necesiten remodelaciones.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Otro paradigma

El escenario es el mismo. El Palacio de la Moneda de Santiago de Chile albergó dos historias muy disímiles entre sí pero enmarcadas en una coyuntura que los unifica mucho más allá de lo edilicio. Una historia de desarrolló en 1973, aquel fatídico 11 de Septiembre donde las fuerzas militares al mando de Augusto Pinochet atacaron y bombardearon aquel palacio de gobierno; metáfora de lo que luego harían con la democracia. En esos tiempos, el edificio fue herido de muerte via aérea y el presidente electo por el pueblo chileno, Salvador Allende resistió la embestida a punta de pistola hasta que su vida dijo basta y finalmente cayó al último bastión de aquel gobierno popular. Todos los estados de mundo se apresuraron a reconocer el nuevo gobierno de facto en Chile, incluso muchos de los países latinoamericanos fueron de la partida detrás de los Estados Unidos. 35 años después el edificio ha sufrido muchas remodelaciones desde aquel día perdido en la historia: ha sido testigo de la vuelta de las instituciones y ha visto un Estado forjado tras la etapa de oscuridad, en la plenitud del Derecho. La moradora del edificio es una mujer, Michelle Bachelet, y el motivo de que todas las cámaras del mundo se vuelvan hacia sus muros dista bastantes de los motivos de antaño. Los protagonistas del evento fueron todos los presidentes de América Latina y el motivo del encuentro se hacía casi en contraposición a aquel pasado de tormentas. Todos los presidentes de los países integrantes de la UNASUR se reunían para brindarle el apoyo al gobierno y a las instituciones de Bolivia, elegidas por el pueblo y ratificada hacía poco más de un mes por una fuerte mayoría en el referendum revocatorio, al que llamó su presidente Evo Morales. La historia esta vez fue escrita por Latinoamérica en favor de la democracia y no ante un supuesto enrolamiento automático tras alguna potencia de turno. Bolivia exhibe hoy una sociedad muy polarizada, donde 100 familias ostentan casi el 80% de la riqueza de país y existe una muy importante partición en lo social y en los idelógico. Como Marx había profesado, las superestructura de las ideas es determinada por la estructura de los bienes económicos; es decir que la parte rica de la sociedad va a determinar las formas de vivir deseables y los objetivos que debe alcanzar una sociedad. Hoy, los bolivianos sufren las desestabilización que implica que quienes imponen las normas, el gobierno y las leyes no son los dueños del capital. Esta trastocada situación es germen de enfrentamientos, que ni siquiera el referendum revocatorio logró pacificar en el corto plazo. Pero más allá del gesto de la UNASUR, que fortalece las relaciones entre una región que está buscando el pasado, la cultura y la historia en común con el objetivo de formar un bloque simétrico y con igualdad; decisiones políticas de este calibre comienzan a mostrar una nueva forma de generar relaciones internacionales en el mundo. Un bloque de países que hable en su constitución de eliminar asimetrías entre sus integrantes, accionar bajo la vital ingerencia de los Derechos Humanos, complementar sus industrias para maximizar el comercio, generar igualdad social y contención en todos los gobiernos integrantes y poder confirmar una política migratoria de puertas abiertas e integradora en el sentido amplio del término, demuestra un nuevo rumbo a nivel global. El mundo ha cambiado y la coyuntura mundial de aquella época no es igual al de hoy. El fantasma rojo del comunismo se ha diluido y posiciones de lo que antes se llamaba "no alineados" o "Tercer Mundo" están ganando la batalla. En un momento histórico como este donde el gran imperio (que planificaba la perpetuación de un sistema de producción a su imagen y semejanza) comienza a resquebrajarse, que surjan bloques políticos como el que hoy encarna el embrionario UNASUR muestra que no todo está perdido para el futuro, y que nociones como igualdad o gobiernos populares pueden ser viables y acompañados por otros términos como progreso, capitalización y crecimiento. Porque cuando un paradigma se cae, siempre asoma la cabeza otro.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Opositores


Ser de izquierda, ser de derecha, estar de un lado o del otro de la realidad o que esas visiones de vida sean irreconciliables. Tal vez la existencia de un gobierno que subió al poder con los votos populares e impuso el más férreo neoliberalismo haya sido el punto de partida para trastocar este campo en la política en Argentina. O tal vez el contexto mundial haya alivianado la dicotomía y las fuerzas centrífugas del poder hayan dejado todo en 5 grados a derecha e izquierda del centro. Lo cierto es que el pasaje de un lado al otro se limita a un par de pasos, y ese estadío parece tentador para más de un legislador. En los abatares de la labor legislativo post lock out patronal del campo y "voto no positivo" de Cobos, el Congreso Nacional parece recomponerse y tomar nuevas formas, alianzas y redefiniciones políticas no del todo claras. Al antiguo estigma con el que carga el peronismo con respecto a los distintos sectores de ideología, comienzan a vislumbrarse, en el seno de los otros partidos, modificaciones con respecto a la unidad de los bloques y las alianzas tanto a favor como en contra de las leyes o la administración nacional.Por un lado aparece lo que puede definirse como "la nueva oposición" legislativa que viene con un combo de peronistas disidentes, integrantes de la Coalición Cívica, radicales, bloque Si, CTA Proyecto Sur, Pro, Recrear, etc. Esta suerte de interbloque virtual ha tenido fundamental importancia en la derogación de la resolución 125 y se alistó en los tratamientos de la reestatización de Aerolíneas y el tratamiento de la movilidad jubilatoria. Como en todos los niveles de la vida, los problemas comienzan cuando las cosas se confunden y se le da lugar a una oposición personalista en lugar de una constructiva. Y más allá de los altos postulados de la democracia, no es bien recibido por los ciudadanos que votaron a esta oposición, observar a sus representantes estrechando lazos con integrantes de expresiones muy distintas a las suyas y quienes fueron blanco de las más alborotadas críticas durante la campaña electoral.Es difícil entender, de esa manera, que algunos de los contraproyectos presentados, como en el caso de Aerolíneas, hayan tenido fallas graves de organicidad. Pedir la quiebra de la empresa de aeronavegación de bandera para poner en marcha una nueva, implicaba 5 años de preparación. Dejar sin aviones a las ciudades que no gozan de otros servicios por ese tiempo sería catastrófico para las comunicaciones del país; o en el mejor de los casos, era darle paso a una compañía privada que supliera a esta, pero con un importante subsidio del Estado, porque estos destinos no le darían ganancias. De cualquier manera, era pérdida para la Argentina.Otra función interesante de la labor legislativa tiene que ver con el proyecto de movilidad jubilatoria. Más allá que cuente con media sanción en diputados casi por dos tercios de la Cámara e incluyendo las contribuciones de legisladores especializados en el tema, algunas de las objeciones versaron sobre reivindicaciones que las propias administraciones partidarias hicieron caso omiso cuando se hicieron cargo del Ejecutivo y que realmente no apoyarían. Para dar una visión más acabada de estas acciones cabe citar a Mauricio Macri que reclama un aumento a los jubilados dentro de la ley de movilidad jubilatoria para llegar al ansiado 82% móvil, mientras su Gobierno Porteño recorta las becas para la educación secundaria a casi la mitad y le entrega 4000 millones de pesos a las empresas recolectoras de basura donde no está confirmado todavía si él o el grupo de su padre tiene acciones. Las incoherencias acompañan la labor legislativa.De Junio a esta parte, las Cámaras Legislativas vienen gozando de mucha prensa. Eso ha hecho que muchos ciudadanos tengan el ojo puesto en lo que ocurre con las leyes consideradas vitales para el país. Pero la labor de legislar va más allá de estar a favor o en contra de un gobierno de turno, sino que se debe representar al pueblo que con su voto les otorgó el mandato. La confusión de creer que mandato habla de mandar, en lugar ser mandado por sus votantes. Esto hoy en Argentina está un poco trastocado, la representación inderecta es una quimera en la que sobrevuelan los intereses partidarios y personalistas. El rol de la oposición está claramente contra el gobierno de turno en lugar de buscar una alternativa según el proyecto o respetar la plataforma partidaria. En lugar de ser complementarios y sumar para mejorar la vida de los argentinos, se busca ser suplementarios y llevar adelante las proyectos opuestos. Sería bueno que se comenzara a legislar a favor de los argentinos y no en contra de un partido político.

viernes, 29 de agosto de 2008

Generación

Los Quilmes, parte de los pueblo originarios de nuestro país, muy poco tienen que ver con las costas del sur del Río de la Plata donde se aloja una cervecería. Su ubicación original era en los Valles Calchaquíes, al norte del Tucumán, donde vivieron hasta la primera invasión de los españoles. La guerra, que duró casi 130 años, se llevó a poco menos de dos tercios de la población de la tribu. Tras la derrota, los 2000 sobrevivientes fueron encadenados y acarreados hacia Buenos Aires a pie, trayecto en el cual 1600 perdieron la vida. Durante esa horrenda travesía en manos de los españoles, los Quilmes decidieron no reproducirse para no traer al mundo hijos esclavos.
Decisión difícil la de los habitantes originarios de los Valles Calchaquíes, aunque para nada discutible si se tiene en cuenta el contexto de muerte al que fueron sometidos. Apostar a un futuro era una maniobra casi inalcanzable e impensada por este pueblo que lejos de la barbarie ostentaba un nivel técnico y de cultivo muy adelantado gracias a la influencia incaica.
Casi cuatro siglos después una historia presenta ciertas similitudes, aunque con una resolución ampliamente distinta. El terrorismo de Estado de la etapa dictatorial 1976-1983 marcó a los argentinos desde varios lugares. No sólo desde lo político o lo cultural (el miedo sistemático como algo natural), sino también desde la falta de una generación política que fue sistemáticamente exterminada por el aparato represivo del Estado dictatorial.
Como si se echara por tierra la tan mentada Teoría de los Dos Demonios, la generación nacida entre 1976 y 1983 hoy comienza a erigirse como el recambio que la política argentina comienza a necesitar. Jóvenes de entre 25 y 32 años que trascienden el lugar común de ser hijos o familiares de desaparecidos, hoy conjugan sus experiencias políticas y las aunan en busca de nuevas formas de contruir el país y la política. Lejos de un término utilizado hasta el hartazgo como “nueva política”, la renovación del ideario partidario con un pensamiento más sensible y comprometido, viene de la mano de estas nuevas generaciones.
Difícil formación tuvieron estos hijos (de alguna u otra manera) de la Dictadura Militar en lo político. Convivieron de muy chicos con las esperanzas y desesperanzas de la vuelta a la Democracia, desde la asunción de Alfonsín hasta los intentos golpistas de semana santa y la estocada final de la inflación. Vivieron una década del noventa franqueda por el individualismo y donde la clave del poder era enriquecerse y salir en revista Caras. Sobrevivieron a la sociedad para la cual no obtener el éxito instantáneo era sinónimo de fracaso. Donde el bienestar social o los planes a largo plazo se difuninaban en un pasado que se domonizaba sin cesar.
Discutiendo con la premisa de “la política es sucia y por eso no me meto”, gran parte de esta generación tomó lugares de resistencia al sistema partidario imperante. Desde la búsqueda de caminos alternativos, la crítica no le daba paso a la construcción.
La crisis del 2001 y los cambios que produjo el gobierno de Nestor Kirchner cambiaron el panorama y al día de hoy, muchos de esos jóvenes que antes no tenían un espacio para construir, se encontraron con una brecha para generar un proceso a futuro.
La historia de los Quilmes funciona muy bien como metáfora de la generación de ´76-´83. Desde el exterminio y el vaciamiento del lugar, desde este lado de la historia se apostó a la vida y fueron sus propios hijos (sanguíneos o no) los que están volviendo a tomar ese lugar y hasta tal vez cumplan los objetivos de aquellos hombres y mujeres que, fuera de los matices de cada contexto, no difiere en nada: Hacer un país mejor.

viernes, 22 de agosto de 2008

Aerolíneas y su reflejo del pasado


Promediaba el año 1988, cuando el ministro de Obras y Servicios Públicos, Rodolfo Terragno, ponía a disposición del Congreso Nacional un mega proyecto para asociar a la existosa línea de bandera Aerolíneas Argentinas, con la empresa escandinava SAS. Este acuerdo generaría un ambicioso programa a futuro que potenciaría la marca más reconocida de la aeronavegación de ese momento en Sudamérica. El revés legislativo en un recinto con mayoría opositora echó por tierra este proyecto por considerar que la línea, en ese momento en manos del Estado, configuraba un ejemplo de manejo estatal tanto en su visión de crecimiento a futuro como su éxito empresarial. Ante la negativa, SAS le propuso el mismo acuerdo a Lan Chile (una empresa de menor volumen que Aerolíneas) y cerró trato.
Durante la década siguiente, Aerolíneas Argentinas sería vendida a la española Iberia en condiciones muchos peores que las propuestas en 1988. A diferencia de sus colegas escandinavos, Iberia comenzó con un desmatelamiento de la empresa tanto a nivel estructural como humano, promoviendo la pérdida de rutas internacionales y sirviéndose de ellas como la compañía de bandera Ibérica. Tras la primera crisis en 2003 y su posterior venta a Marsans, la situación no mejoró sino más bien todo lo contrario.
Al llegar al presente, los protagonistas siguen siendo exactamente los mismos. El Congreso Nacional, una empresa extranjera, la aerolínea a bandera en discusión mientras la oposición se mantiene en contra una medida del Ejecutivo. Claro que esta vez la situación de la antigua empresa orgullo del Estado es terminal, con una deuda millonaria y un déficit operativo de 30 millones de pesos mensuales. De no mediar intervención alguna, caerá inevitablemente en quiebra.
La operación es sencilla: efectuar la valución de la empresa de manera consensuada con el parlamento, descontar a ese precio la deuda que Aerolíneas tiene al día de hoy y hacerse cargo definitivamente de la empresa para su saneamiento y posterior puesta en marcha como línea de bandera en poder del Estado. Este salvataje permitirá abastecer el mercado de vuelos de cabotaje con una línea aérea que cumpla esa función sin analizar solamente la rentabilidad del servicio.
Desde el parlamento las voces de la oposición se hicieron escuchar con un doble planteo. El primero de los argumentos versa sobre el por qué financiar a una empresa que da pérdidas con los fondos de los impuestos nacionales. Argumento que se vió derrumbado cuando se habló de la transacción, la deuda, el descuento de ella y los planes a futuro de la empresa. El segundo sesgo opositor llegó de la mano de un proyecto que proponía dejar caer en quiebra a Aerolíneas Argentinas y prontamento crear una nueva línea de bandera que arranque de cero y sea del Estado. Verdadera falta de previsión a futuro si se tiene en cuenta el costo operativo de poner en funcionamiento una nueva empresa aérea, las licencias, la solicitud de rutas internacionales y la costosísima tarea administrativa que implica el desguace de la parte estatal de Aerolíneas Argentinas. Todo esto amén del fuerte valor de la marca tanto a nivel nacional como internacional, o la cantidad de trabajadores que pueden sufrir el traspaso y la incertidumbre sobre sus empleos que esto implica.
En todo esto aparece aquel fallido socio de Aerolíneas, ahora integrante de la empresa LAN (ya no Chile), como la compañía aérea más importante de Sudamérica e integrante de una red internacional de flotas que hacen que sus escalas lleguen a cualquier parte del mundo. En esta empresa aérea siguen esperando la caída definitiva de la aerolínea de bandera argentina para descorchar el champagne de la victoria sobre el mercado argentino, al igual que lo han hecho en Perú. Por lo que una maniobra como la que se propone en el Congreso, generaría un fuerte impulso a una empresa cuya bandera no es precisamente celeste y blanca.
En el 2008 ha traído aparejado muchas discusiones políticas y no tan políticas, pero hoy seguimos resolviendo y tratando de volver hacia atrás los grandes desaciertos de los años ´90; que en nombre de la modernidad y el neoliberalismo sumergieron al país en la mayor de las pobrezas. Aerolíneas Argentinas, junto con YPF, fueron dos empresas baluartes del progresismo y la funcionalidad del Estado como administrador y gestor de empresas. Lamentablemente también fueron malvendidas junto a las empresas de servicios públicos, con la excusa de las pérdidas que arrojaban, mientras al mismo tiempo pasaron a pagar el mismo monto en subsidios. Tal vez revisar y redimensionar estos contratos, en general y sin presiones, para que los gestores privados puedan realizar su negocios en un plano de justicia sea la mejor forma de comenzar a concretar un cambio profundo que nos aleje de aquella fatídica década.

viernes, 15 de agosto de 2008

Sobre el final de la apatía


La década del ´90 en la Argentina ha dejado mucho para analizar. Desde la política económica neoliberal que derivó en una crisis terminal, hasta la farandulización de los representantes del pueblo que mostraban en las revistas sus fastuosos bienes, sin considerar que les sería imposible demostrar ante la justicia cómo se hicieron de ellos. Pero la estocada que dejó la herida más profunda redundó alrededor de la participación política y de la inserción de la juventud en ella.
El individualismo y el autismo político se mostraban como los dos grandes corseles de esos tiempos todavía formativos de la democracia argentina. La incesante corrupción, la lejanía del poder con respecto al pueblo y un sinfín de maniobras; sumado a la irrestricción de importaciones que inundó el mercado nacional de productos fabricados en otros países que nos hizo sentir del primer mundo; cerraron el cerco de una sociedad que comenzó a tornarse individualista y acorazarse en un mundo que a priori era ficticio y que en algún momento iba a explotar.
Frases como “la política es sucia” o directamente “la política es una mierda”, acompañadas de “y por eso yo no me meto”, mostraban la fórmula de la victoria de ese régimen que lograba así la perpetuación en un poder que cambiaría de manos, pero no de protagonistas. Todo quedaría relegado a un grupo reducido y hegemónico. Si nadie puede o quiere entrar en este espectro, quienes ya participan en política tenían la permanencia asegurada, con algún cambio de nombre o de puesto, pero nada saldría de ellos. La corporación se había formado.
Los jóvenes con inquietudes políticas debieron ver truncado su afán de construcción de alternativas hacia un rol de resistencia. Palabras como renovación o juventud no fueron tenidas en cuenta durante la década. La vieja militancia juvenil conoció el ostracismo y hasta los viejos partidos minoritarios sufieron esa suerte de alianza compulsiva que terminó por obturar aquella costumbre de formar a los cuadros políticos con miras generar futuros dirigentes.
La discutible renovación que se dio a partir de Diciembre de 2001, no cambió nombres del todo pero si las formas de hacer política en la Argentina. Ya sea por obra y gracia de cada ciudadano que le dijo no a los viejos dinosaurios que querían volver, como por aquellos partidos que entendieron el mensaje de la sociedad y renovaron su apuesta hacia la juventud y a traccionar dirigentes de abajo hacia arriba.
Es decir que la denominada falazmente “nueva política”, en realidad tuvo su germen en estas instancias y fue el punto de partida para una incipiente renovación que hoy se comienza a observar tanto en las cámaras de representantes como en los niveles ejecutivos. No parece ser casual el ascenso de Sergio Massa a la Jefatura de Gabinete para cambiarle la cara al gobierno nacional luego de la derogación de la resolución 125. Una visión jóven y menos contaminada que la de Alberto Fernandez podría darle otras formas de hacer y comunicar al gobierno y relanzar así la imagen de la Presidenta Cristina Kirchner. También se adscribe el caso del legislador porteño Juan Cabandié, quien de 2004 hasta hoy se convirtió en un referente juvenil y hoy está a cargo de la Secretaría Nacional de la Juventud Peronista.
A estos casos, también se suman una gran cantidad de recambios políticos como Adrián Pérez, jefe de bancada en diputados de Coalición Cívica, Roy Cortina en el socialismo o Victoria Donda del movimiento Libres del Sur. Todos ellos encarnan una nueva forma de ver la política y tal vez en algunos años lleguen a los cargos ejecutivos.
En 2008, la apatía parece haberse extinguido y la política retomó su espacio en el imaginario social de los argentinos. Sin embargo, la batalla no está totalmente ganada, la politización de la sociedad es una herramienta fundamental en los pueblos democráticos ya que hoy no basta con asistir a las urnas sino ejercer el contralor social que todo gobierno necesita. Pero mirando en perspectiva, estamos muy lejos de aquella apatía.

viernes, 8 de agosto de 2008

Transitividad Latinoamericana



Mucho se ha hablado a lo largo de nuestra historia sobre las marchas y las contramarchas de la unidad del continente y de la búsqueda trunca de un horizonte común. El paso débil del acuerdo para el Mercosur (hace casi diez años que la integración debería estar en funcionamiento) muestra un distanciamiento mucho más marcado en los desarrollos económicos de cada país, que en los tiempos que se proyectó el mercado común latinoamericano. Si bien la economía y el desarrollo son los encargados de poner las diferencias sobre la mesa, la región está tieniendo muchas coincidencias en los procesos políticos; diámica que, en mayor o menor medida, lleva muchos años reproduciéndose a lo largo de estos territorios del sur. Muchas veces a contramano de la corriente mundial o víctima de presiones externas.
Las coincidencias transnacionales fueron el hijo político de la partición del mundo entre capitalismo y comunismo. El antecedente de Cuba y la experiencia del Mayo Francés había desperdigado por la región una nueva corriente de pensamiento y de acción política que comenzaba a buscar alternativas a los regímenes instaurados hasta ese momento. Ese viraje fue el que llevó a una de las partes de esta división mundial a intervenir en los sistemas democráticos latinoamericanos alrededor de los años 70 y ayudar a la instauración de dictaduras militares que usaron el aparato del Estado para aplastar cualquier atisbo de insurgencia o pensamiento distinto, de la manera más cruenta. Vanguardias del terror como las de Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Banzer en Bolivia o Costa en Brasil, más la instauración del Operativo Cóndor, y la colaboración en la represión ilegal de los Estados, cerró el cerco de un plan premeditado.
Las mismas violaciones a los Derechos Humanos y el desgaste de los propios regimenes dictatoriales, decantaron en su extinsión paulatina con el devenir de la década del 80. Las nuevas democracias enfrentaron dos desafíos fundamentales, el enjuiciamiento a los responsables de los crímenes de las dictaduras y el rebrote inflacionario que aquejó a todos los países de la región. Las democracias jóvenes debieron zigzaguear entre la búsqueda de justicia y las presiones militares, que ya no tenían el apoyo externo de antaño. Las leyes del perdón de Argentina o Uruguay son claros ejemplos de una realidad que dejó sabor a impunidad.
La nueva década trajo una nueva influencia del ahora vencedor de la vieja dicotomía. En forma de economía neoliberal, la irrestricción de exportaciones y la llegada de los grandes grupos económicos desde el exterior, hicieron que países como Argentina o Perú ingresaran en un proceso de desindustrialización y de dependencia de los mercados internacionales. El efecto Tequila y las crisis de otras bolsas de comercio internacionales pegaron muy duro en un continente que no contaba con la suficiente generación de riqueza por valor agregado para atenuar su impacto, que repercutió en los que menos tienen.
Ya pasada esta primera mitad del 2008, en Sudamérica corren vientos de cambio y otra vez pareciera que el continente va a vivir una etapa en común. Los gobiernos electos, tras poco más de 20 años de democracia comienzan a discutir un tema tan urticante como la distribución de la riqueza. Esta frase, que a priori suena a justicia y naturalidad, implica desmejorar una parte de la economía y mejorar otra; o en el mejor de los casos, generar una ganancia superior para mantener la de los que más tienen y mejorar sustancialmente a los menos afortunados. Tocar los intereses de los más poderosos puede traer problemas sustanciales a los gobiernos de Latinoamérica. El referendum revocatorio al que se sometió el presidente de Bolivia, Evo Morales, muesta a las claras que el problema social de ese país está fuertemente relacionado con esa distribución desigual histórica que hoy se quiere discutir. Argentina también está viviendo esta discusión, positivamente hoy en la calle se escuchan estos términos y se piensa en un modelo de país, de un lado de la balanza o de otro. Al parecer, la disputa es la misma, en distintos niveles y escenarios, pero con idéntica discusión de fondo. Las adjetivaciones de autoritarismo o las descalificaciones son una puesta en escena y una escenografía de lo que realmente se debate. Pero pasados estas intensas décadas que vivimos los latinoamericanos, que los gobiernos diriman estas diferencias en un marco democrático (como el referendum boliviano o el tratamiento de las retenciones en Argentina) hacen voltear la mirada al futuro y comenzar a sentir que la maduración del sistema de la Democracia comienza a fortalecer sus raíces en estos países. Queda mucho por hacer todavía, pero esta vez el camino comienza a valer la pena.