"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

martes, 16 de febrero de 2010

El temporal y el caos


Desde muy chicos, películas extranjeras mediante, la ciudad siempre fue sinónimo de seguridad antes las inclemencias de la madre naturaleza que se daban en los lugares agrestes o faltos de asfalto. Arenas movedizas, inundaciones, los animales más salvajes o la escala de supervivencia eran algunos de los peligros que podían acecharnos como consecuencia del accionar de la naturaleza en lugares donde no tuviera la intervención humana. Aunque no siempre resulta de esa manera en la Ciudad de Buenos Aires.
Como si fuera una de las aventuras que solía leer en mi habitación antes de dormir, todo comenzó el lunes a la tarde cuando a punto de salir de mi casa traté de contactar a la persona con la que tenía que encontrarme y noté que el teléfono no tenía tono. Con la rareza de la situación y ante mi sorpresa, apenas salgo a la puerta con celular en mano, una vecina me confirma que mis problemas no eran solo míos: todo el edificio se encontraba incomunicado mediante telefonía de red. Bendita sea la red celular, con señal limitada como siempre que está nublado, pero con variantes como el mensaje de texto.
La calle estaba más oscura que de costumbre ya que el cielo se veía adornado por una cortina negra. La cosa podría ser peor, pensé y emprendí mi caminata hacia la parada del colectivo. Cuando el transporte público se divisaba en el horizonte, el cielo no aguantó más y empezó a castigar con furia en forma de gotas pesadas y fuertes. Tardía fue la llegada del bondi que ya nos encontró a todos los que formábamos fila con varios centímetros cúbicos pesando de nuestra ropa, aunque agradecidos de estar a resguardo de semejante temporal.
Por esas casualidades del destino, el colectivo dobla por la cuadra de mi casa y sigue rumbo hacia Villa del Parque. Y digo que es casualidad porque justo cuando estaba por mitad de cuadra pude asistir al apagón de la manzana completa. Claramente la tarde se empezaba a poner oscura para mí.
El viaje transcurría en total normalidad, hasta empecé a sentir que la furia del cielo empezaba a bajar en densidad y que al destino no iba a sufrir tanto como pensaba. Pero nada de eso pasa cuando todo lo que puede salir mal, sale mal. Lo cierto es que llegando a la avenida Juan B. Justo, el arroyo Maldonado (entubado bajo dicha avenida) me jugó una mala pasada y la cantidad de agua superaba largamente el metro de altura. La reunión sería para otro día. Una vez cruzado el río como en un rally urbano, combinación de colectivos mediante, se ungió un nuevo destino en mi porvenir, la casa de mi vieja donde me esperaban mi mujer y mi hija. Tal mal no me puede ir, pensé, si ellas me esperan allá.
Mientras miraba cómo pasaba nuevamente el Juan B. Justo Trophy y sonreía a la experiencia un tanto tortuosa, me suena el celular con la cara de mi esposa. Respondí con ganas y el pasaje de alegría a desazón fue tan rápido como la noticia que escuchaban mis oídos. El llamado correspondía a un pedido de velas para la casa de mi vieja, que había sido alcanzada por el apagón. Entré a lo de mi madre con unas velas casi de misa que había conseguido en el supermercado chino, un poco más mojado y sin el mejor de los humores.
La cena transcurrió con tranquilidad, el arroz con pollo rociado con la luz de las velas le dio un toque especial. Mi hija de 7 meses no pensaba lo mismo y se mostraba presa del susto que le propinaba la oscuridad, en forma de un llanto cada vez más fuerte. Es increíble lo dependientes que somos de la electricidad.
Al promediar la medianoche y cuando la lluvia comenzaba a parar, decidimos emprender el viaje de vuelta a nuestra casa. El taxi emprendió su marcha por Muñiz. El bolso de la nena, el coche paragüitas, mi mochila y la cartera de mi mujer llenaban cualquier espacio que solo ocupara el aire. Cruzando Rivadavia el vehículo entraba raudo para encarar el puente bajo nivel a las vías que nos depositaría a pocos minutos de nuestro hogar. Una maniobra llena de reflejos del conductor del taxi nos salvó de entrar derecho a un lago que se había formado en otrora paso bajo nivel. Estuvimos realmente a centímetros de bucear ese espacio que todavía no había advertido Defensa Civil, que hizo su entrada 3 minutos y medio después. Tarde pero seguro.
Llegando nuevamente a casa, con la calle en la más frondosa de las oscuridades, se viene a mi retina una nueva sorpresa. El edificio se había inundado, el paso de las aguas habían dejado un tendal barro, agua y basura. Pasar el palier con mi hija y todo el equipo que eso conlleva, fue una tarea casi imposible. Casi ileso, solo con un poco de barro como lastre, tratamos de calmar a nuestra hija y hacer lo único que se puede hacer una noche sin luz: dormir.
La mañana siguiente, recién levantado y con la felicidad de ver por dónde caminaba, me metí en la ducha de manera casi mecánica. Pero la maquinaria no funcionó como yo lo esperaba, porque cuando accioné la lluvia del duchador, nada cayó. En eso recordé que la alimentación del tanque de agua es eléctrica y que todos mis vecinos ya se habían hecho de su reservorio de agua antes que yo.
El abuso de los productos cosméticos para disimular la falta de baño se habían mezclado dentro de mi ser para hacerme presentable. Cuando doblo la vereda para ir a mi trabajo, me topo con un hermoso utilitario amarillo con una gran letra H en negro que estaba con las balizas puesta en la puerta de la panadería. En ese momento el seño se me entrecerró y todas las experiencias vividas me nublaron la cabeza en forma de furia. Sé cabalmente que tal vez las personas que habitaban esa camioneta no hayan tenido responsabilidad alguna en todo lo que había vivido desde el día anterior. Pero quién me iba a culpar, fue cuestión de segundos para que por lo menos 10 personas hicieran los mismos reproches que yo. Catarsis que le dicen.

viernes, 5 de febrero de 2010

Deuda eterna


Desde aquella solicitud de empréstito por parte del gobierno de Bernardino Rivadavia a la banca Baring Brothers, que significaba el doble de la recaudación fiscal anual, la historia del endeudamiento del Estado Argentino con distinto tipo de acreedores ha resultado una constante a lo largo de la historia.
Y si de esta materia hablamos, este tipo de empréstitos bancarios a naciones con menor grado de desarrollo se remonta a la época de la Revolución Industrial cuando los bancos ingleses empezaron a pensar dónde colocar los excedentes de riqueza que sus nuevos emprendimientos económicos solían acuñar. Y de esta manera, ideó una opción que no sólo haría que ese dinero fuera colocado y volviera con intereses, sino que creó el aceitadísimo sistema de colonización económica donde lograban que esos mismos billetes fueran invertidos en su propia producción industrial, haciendo que el déficit en las balanzas comerciales americanas diera lugar a la necesidad de un nuevo crédito. Así se autofinanció el trazado de la red de ferrocarriles y puertos para que las mismas empresas inglesas pudieran llegar cómodamente a todos los países de Sudamérica, África del Sur y Asia Menor.
Con el advenimiento del siglo XX y la creación de los organismos post Segunda Guerra Mundial, la nueva concepción de créditos para la reconstrucción de Europa y su posterior desarrollo industrial, pusieron al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional como una suerte de padres rectores del flujo de capitales para todo tipo de actividades económica de los Estados del mundo. Consejos económicos, apoyos internacionales e intromisiones en los gobiernos de los países deudores, comenzaron a deformar de a poco el objetivo para el cual estos organismos fueron creados.
En esta vorágine ingresó la embrionaria Argentina desde su época de Provincias Unidas del Río de la Plata, con un breve interregno entre mediados de la década de 1930 y alrededores a 1956, hasta estos últimos días donde el pago de los vencimientos de 2010 ha suscitado un sinnúmero de críticas, apoyos, alusiones al pasado e increíbles intentos de populismo.
Pero aquí se abren dos frentes de conflicto con respecto al pago de los vencimientos de la deuda: su legitimidad por un lado y la forma de pago para este año. Casi con la misma rapidez con la que se presentaron los recursos de amparo para evitar la conformación del Fondo del Bicentenario, muchos miembros de la oposición dijeron que esta sería una excelente ocasión para discutir que tan legítima es la deuda externa que la Argentina está pagando. La demanda viene de años atrás donde la desorganización o la desidia llevaron a los integrantes del rumbo económico argentino de fines de los ´70 y principios de los ´80 a pedir a los propios acreedores la información de cuánto se les debía ya que no había un registro serio de ellas en el Ministerio de Economía. Años después, sistemas computarizados mediante, un funesto megacanje y dos quitas de la deuda, se hace realmente difícil (por no decir imposible) poder plantearle a los grupos acreedores externos la imposibilidad de pagar la deuda por considerarla ilegítima en su composición. No para un país que quiere dar un mensaje de seriedad al exterior y así lograr una baja en las tasas de interés que beneficiará a todos los argentinos.
Con respecto a las forma de pago, caben dos posibilidades que se enrolan para el proyecto: la primera es formar el fondo pecuniario y pagar con reservas de libre disponibilidad del Banco Central que no llegan al 10% del dinero de las arcas; o por el otro lado contraer más deuda para pagar los vencimientos de este año y no sólo mantener la deuda sino pagar más dinero por los intereses que esta generaría (es menester recordar que de esta manera se multiplicó la deuda en los años ´90).
La mejor forma de resolver un problema que se presenta con tantas corrientes desde la dialéctica suele ser explicado como si el interlocutor fuera un niño pequeño. Veamos, si Juancito le debe plata a Pedrito, pero Juancito tiene mucha plata, tanta que puede pagar esa deuda y seguir teniendo plata. Entonces le paga su deuda a Pedrito y sigue su vida con menos deudas y mantiene la amistad de su amiguito, que no dudará en prestarle de nuevo.
En el otro caso Juancito, que tiene plata en su bolsillo, pide a Josecito más plata para pagarle la deuda a Pedrito. Es decir que le queda debiendo a Josecito más plata que la que le debía a Pedrito. Entonces se queda con toda la plata que tenía, pero ahora debe más plata.
A buen entendedor, pocas palabras. ¿Cuál de los dos ejemplos escogería?

domingo, 3 de enero de 2010

La felicidad y la modernidad


La rutina diaria a veces nos toma como autómatas tratando de llegar al objetivo que llamamos vida; aunque algunas veces no tomamos real dimensión de cuántas cosas han cambiado a nuestro alrededor y cómo en tan poco tiempo nuestras vidas, todo lo que nos rodea y las herramientas de las que nos servimos para vivir, han dado un vuelco impredecible.
Parece increíble pero basta con describir un par de acciones cotidianas para que la nostalgia, o no tanto, invada nuestros sentidos y nos muestre una imagen de la vida a la que no estamos acostumbrados o a la que preferimos simplemente ignorar.
Cambiamos el despertador a cuerda o el radio reloj por el celular con alarma o el equipo de audio que cortan nuestro descanso con melodías a elección, algo así como poder seleccionar cómo ser torturado por la mañana.
El viejo cacharro de enlosado donde se solía calentar la leche, con la atención puesta que ante la primera espuma ascendente había que apagar el fuego por peligro de vuelco, fue dejado de lado por el horno microondas y la rapidez de sacar la taza lista para tomar.
Otra costumbre que comienza a extinguirse con el avance tecnológico es la avanzada de los diarios digitales sobre el viejo ejemplar de papel que mancha un poco los dedos de negro por el trajinar entre las hojas. Aunque el soporte de papel guarda todavía el territorio salvador del transporte público y su maniobrabilidad, internet muestra más variantes y multiplicidad de lecturas.
La comunicación también es un factor totalmente revolucionado. Basta con oprimir un botón para poder estar en contacto con la mayor cantidad de tus amigos, saber su estado de ánimo, compartir las fotos de las vacaciones, y dejar sentadas las bases de lo que cada uno piensa sobre los temas de actualidad. Más allá de compartir el hipertexto (textos donde una palabra o grupo de palabras nos abre un universo cargado de otros textos) lo obsoleto pasa por la máquina de escribir, el fax y el teléfono de línea. Celulares con llamadas gratuitas entre algunos números, acceso remoto a internet, radio y buscador satelital, han resuelto gran parte de las herramientas para trabajar en una oficina.
La cámara de fotos amerita un comentario aparte. Una pared de Buenos Aires reza: “Las cámaras digitales nos han robado el alma”. Raro comentario, pero no del todo desacertado, ya que la proliferación de celulares con cámara y de los mismos artefactos de fotografía digital han cambiado por completo la calidad y la cantidad de fotografías tomadas a lo largo y a lo ancho del mundo. Antes había que comprimir las vacaciones en 36 fotos con todo los que eso significaba y con los costos que podía conllevar semejante empresa. Hoy las imágenes tomadas se multiplican por miles y han atentado con el aura de aquellas reproducciones donde se explicaba mucho más de lo que la imagen decía. Al haber más secuencias, la historia se cuenta sola. También suele extrañarse aquella romántica incertidumbre desde el momento de sacar la foto hasta tener el papel revelado en las manos.
Lo ilimitado de la modernidad también ha traído despersonalización en las relaciones, desde la digitalización de los trámites de todo tipo hasta la falta de comunicación personal entre los individuos. Los chat, mails y redes sociales comienzan a desplazar en contacto cara a cara y la mediación de la tecnología toma un impulso grande en las relaciones sinterpersonales. No verse cara a cara o siquiera escuchar la voz del interlocutor desde el otro lado del teléfono despersonaliza el contacto y muestra un modo de vínculo que mucho difiere que aquel “nos vemos en el parque” o “nos juntamos a tomar algo”. Nada es mejor o peor, pero distinto, seguro.
Los casos para inferir son muchísimos más, los juegos en la calle, las competencias con los vecinos de la cuadra, los juegos de mesa, el aparato del contestador automático, la idea de ir a hacer las compras y no pedirlas por teléfono, la venta de galletitas de la lata, etc. Todo cambio lleva a una ruptura y un reacomodamiento; puedo entender que toda nueva herramienta es útily facilita la vida cotidiana. Se puede entender eso, pero qué felices fuimos sin tanto aparato y con tanta más imaginación.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Las excusas infantiles


Hay cosas que parecen no tener explicación. Cuando un chico en edad escolar es sorprendido por su maestra haciendo alguna travesura, automáticamente tiende a defenderse de la única forma que sabe, y es acusar a algún otro compañerito de estar haciendo lo mismo. Con el tiempo y las enseñanzas de la vida, ese mismo chico comienza a comprender y asumir las consecuencias que sus acciones producen y eso lo inserta en el mundo de los adultos. Es por eso que cuando una persona grande no responde como debería a estos actos, es catalogado de imponer excusas infantiles.
Ese cúmulo de excusas sin sentido y hasta de cierta forma desconectadas de la realidad, se agrupan en lo que los medios ya han nominado como el “Macrigate”, ese escándalo de escuchas telefónicas con mucho de espionaje y demasiados puntos oscuros que sus protagonistas no se preocupan en aclarar sino muy por el contrario, mediante excusas pueriles y rayando lo infantil, enturbian la investigación y desconciertan a todos los ciudadanos.
La primera excusa de muy bajo calibre fue vertida por el mismo Ciro James (principal implicado en la causa de las escuchas y empleado del Ministerio de Educación Porteño) cuando el allanamiento judicial descubrió todo la maquinaria para pinchar teléfonos, el imputado respondió: “Es para uso netamente educativo”. Cuando tampoco es legal enseñar algo que está fuera de la ley, como pinchar y escuchar conversaciones con objetivos de espiar.
Ante tamaño escándalo, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, llamó a una conferencia de prensa para hablar sobre las denuncias. El manual de un gobernante al que le estalla un escándalo de estas magnitudes en las manos dice que se debe tomar distancia con las personas implicadas y prometer la más clara de las investigaciones para que la verdad salga a la luz. Bastante lejos de esto, Macri dijo que no conocía a Ciro James y que creía que era un espía de la Policía Federal infiltrado para impedir la puesta en marcha de su Policía Metropolitana. También manifestó que el renunciado jefe de su policía, Jorge el Fino Palacios, no sabía quién era James y que nunca había tenido contacto con él. Es decir, en este capítulo de la historia se niega todo y se le echa la culpa a otro.
Entre declaración y declaración, los hechos salen a la luz y destapan un montón de circunstancias que inculpan directamente a la línea dirigente del Jefe de Gobierno y a su propia persona. Aparecen fotos y documentos que demuestran que Ciro James trabajaba para la seguridad de Boca Juniors bajo la conducción de Palacios, que era conocido por Macri y que sabía que pertenecía a la Policía Federal. De hecho, el propio Fino Palacios dijo que lo había recomendado él para la nueva fuerza policial porteña y que sí lo conocía desde antes. Durante la misma investigación, entre las personas con el teléfono pinchado se descubre al ex cuñado de Macri, quién horas después de declarar ante el juez de la causa es baleado en la puerta de su domicilio. Y en los últimos días, el escándalo llegó a manchar al reemplazante de Palacios en la jefatura de la Policía Porteña, Osvaldo Chamorro. Luego de esto y la detención del Fino Palacios y Ciro James, se volvía a esperar la palabra de Mauricio Macri y los detalles de la postura del gobierno porteño.
Con la futbolera marquesina como fondo que muestra el logotipo del gobierno porteño impuesto por su gestión, Macri volvió a dar una muestra práctica de poca muñeca política, de falta de asesores comunicacionales y de un cinismo poco visto en un gobernante desde la década del ´90. Sin decir una sola palabra de la responsabilidad de su administración por tener a cargo a personas que realizaban escuchas telefónicas ilegales y hacían inteligencia sobre sus propios funcionarios y de legisladores o representantes gremiales opositores, se dedicó a hacer declaraciones como: “El gobierno nacional quiere boicotear a la Policía Metropolitana…primero fueron por los medios, luego por Corrientes, después por las empresas (¿?) y ahora vienen por la Ciudad de Buenos Aires”. Ni una sola mención al caso de las escuchas, ni una sola mención a la labor de la Justicia, ni un solo atisbo de autocrítica.
Lo preocupante no radica sobre la pelea que Macri y los suyos mantienen con el Gobierno Nacional, sino la lejanía de la realidad que muestra el Jefe de Gobierno, rozando casi la ignorancia de los acontecimientos que ocurren en su gobierno; o, lo que es peor, haciendo caso omiso a la ley vigente y permitiendo maniobras delictivas. De cualquier manera, por uno o por otro motivo, que se den estos hechos bajo la administración de una figura que quiere ser presidente, es preocupante para todos los argentinos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Los medios al centro


¿Cómo llegamos aquí? Una frase que puede hacerse muy frecuente luego de recorrer un largo camino, tomar decisiones de cómo encarar las encrucijadas y ya no poder divisar el punto de partida. Como si se hiciera una mapeo hacia atrás para encontrar motivaciones, anhelos, acierto y vacilaciones, que motorizaron el estado actual de las cosas. Sin embargo, la partida siempre implica una llegada, y es esa propia llegada la que queda difusa y no siempre se condice con el objetivo que se tenía a la hora de partir. Periodistas y medios de comunicación comenzaron a recorrer un camino parecido desde la tarea de informar hacia el protagonismo dentro de la sociedad. Es por eso que en estos momentos álgidos cabe preguntarse: ¿Cómo llegamos a esto?
En lo que refiere a la labor del periodista, Alicia Entel, reconocida por sus estudios sobre los medios de comunicación, daba a sus alumnos una definición muy interesante de la labor del periodista: “Los periodistas son los primeros historiadores de un hecho” y con ello hablaba del privilegio de poder sentar la piedra fundamental o el basamento a lo que luego muchos denominarán como un hecho histórico. Claramente se justifica la trascendencia de la profesión en su papel de cronista de una realidad.
Las funciones de la actividad del periodista tienen clara referencia a la comunicación social. Es decir que su objetivo esta centrado en la sociedad y no en sus propias necesidades. Justamente como lo hace la nueva ley, los medios de comunicación son un servicio y no un fin en sí mismo. Se podrían definir como instrumento, como vía de expresión, justamente como un medio.
Y aquí se ingresa al punto fuerte de la cuestión. Preguntarnos en qué momento los medios pasaron de la mediación al protagonismo. No se debe transitar tampoco la ingenuidad, por más que se hable de un hecho bajo el inmaculado halo de la objetividad, cada descripción y cada elección de una palabra con respecto a la otra sienta una opinión o una visión a ese respecto. Es decir, una vez más, que la objetividad no existe.
Hasta aquí, todo claro, pero es mejor regar estos dichos con una pincelada de ejemplos. Una tarde de mayo de 1995, un jugador de fútbol en pleno ascenso decía con amargura que lo único que le molestaba del fútbol local era que los productores los hacían esperar en el vestuario para entrar a la cancha, así se tomaba el ingreso y no hacían su entrada al estadio cuando la TV estaba en comerciales. O cómo en un debate televisivo de este año, por un lado participaba un político de corte oficialista y en lugar de moderar o invitar a un político opositor, los propios conductores del programa se sentaban en la tarima del contrincante para debatir.
En la historia siempre hubo medios más influyentes que otros y con sólo nombrar la época del fascismo de mediados del siglo pasado, se denota el papel fundamental de los medios a lo largo de la historia. Se puede decir que siempre estuvieron cerca del poder y fueron vehículo de él para cumplir su difusión propagandística y las ideas de los nuevos órdenes. Pero la cercanía nunca implicó esgrimirse como el poder mismo y trabajar para los propios intereses de periodistas, medios o grupo de medios poderosos.
Cuando ciertos emergentes sociales pierden su centro, quedan el tiempo y sus protagonistas como agentes dinámicos para que recuperen su lugar original. Lo mismo pasó en las décadas del ´80 y ´90 con la economía como usurpador del espacio que le correspondía a la política y que lentamente fue recuperando su posición a partir del quiebre de diciembre de 2001. Tal vez la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sea el punto donde la labor periodística se vea reacomodada y vuelva a correrse a un lado del poder y volver a revalorizar el verdadero papel de un periodistas que es contar historias u opinarla, mantenerse al margen de los hechos y no tener que protagonizarlos.

domingo, 25 de octubre de 2009

El diario de Macri


Cuando el siglo todavía no sumaba tres décadas y el amanecer democrático era tan novedoso como entrar al cuarto oscuro para votar, brotaban por muchos lares leyendas que marcaron a fuego la historia política argentina. Una de ellas correspondía a aquel diario que supuestamente se le confeccionaba a Hipólito Yrigoyen para tenerlo separado de la realidad, como metáfora de un cierto alejamiento de las medidas presidenciales de lo acontecido en el país. Esta anécdota no refleja la primera ni la única vez que un mandatario se mostró inmerso en una realidad paralela, aunque en algunas ocasiones aquel mecanismo del que puede ser víctima puede convertirse en una herramienta de intencionada persuasión hacia la ciudadanía.
Algo parecido comienza a verse en la Ciudad de Buenos Aires en estos últimos días. Una cantidad de acciones de gobierno que remiten a hechos sucedidos en una etapa terrible de nuestra historia como país que han salido a la luz y dejan al descubierto un escándalo político de magnitudes impensadas, parecen ser ninguneadas desde el Ejecutivo; o que simplemente busca victimizarse ante alguna campaña de desprestigio del gobierno nacional. De las denuncias y de lo que marca la realidad: Nada.
Es muy difícil encarar actividades como las que desarrollan estos funcionarios del gobierno macrista sin trazar obligadamente un paralelo con la terrible dictadura militar que cometió crímenes de lesa humanidad en el período ´76-´83. Escuchas telefónicas, confección de informes de inteligencia, grupo de tareas que operan clandestinamente al poder policial, persecución ideológica contra militantes o dirigentes gremiales, persecución violenta contra personas que están en condición de calle o simplemente viven en casas abandonadas.
La Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) comenzó a ser conocida casi un año después de que Mauricio Macri firmara el decreto para su formación. Los apremios ilegales, la violencia contra personas en condiciones de indefensión, los abusos, las estrategias parapoliciales, los robos y las golpizas que estos grupos generan noche tras noche son parte del y responden al Ministerio de Ambiente y Espacio Pública y a su responsable Juan Pablo Piccardo. No es necesario hacer demasiadas analogías con lo que ocurría durante la dictadura de Videla, Massera y compañía. Lo preocupante es que se usen técnicas parecidas a las del Mundial ´78 para “limpiar” las ciudades sedes de pobres o todo lo que el gobierno de facto considerara indecente.
La otra punta del iceberg obedece al escándalo desatado por la denuncia y posterior detención de Ciro James, los equipamientos encontrados en su domicilio para pinchar teléfonos y los resultados de las investigaciones sobre pinchaduras de teléfonos a familiares de víctimas de la AMIA. Este ex agente de la Policía Federal, con pasado en Socma, Correo Argentino y Boca Juniors se desempeñaba como asesor del ministro de Educación porteño, Mario Narodowski y era aspirante de la Policía Metropolitana. El juez federal Norberto Oyarbide encontró en un allanamiento al domicilio de James tecnología para pinchar teléfonos; ante la acusación el imputado respondió que estos aparatos eran estrictamente para uso docente, algo poco creíble porque ¿para ejercer la docencia con quién? Ahora, para pasarlo en limpio, un ex agente de la Policía Federal de conocida trayectoria en empresas de la familia Macri asesora al Ministerio de Educación en una cuestión en la que debe ser un especialista ¿seguridad?, justamente aparece en su domicilio la tecnología para pinchar teléfonos, y justo en el momento que los docentes comienzan a denunciar que los inspectores de escuelas, en lugar de revisar el cumplimiento de los programas comienzan a recabar información sobre la afiliación y participación gremial de los maestros. Las conclusiones comienzan a caer por peso propio. Inequívocamente parece que estamos en las puertas de una pequeña agencia paralela de inteligencia que comenzó a sumar datos de los habitantes que no están de acuerdo con la gestión Macri.
Por todo lo expuesto, parece que algo huele mal dentro del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y en lugar de tomar una postura más clara y prometer las investigaciones del caso, caiga quien caiga, el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri juega a la realidad paralela y dice que no sabían que Ciro James había estado en la Policía Federal, que nunca trabajó en sus empresas y que seguramente es un infiltrado de la Federal para boicotear y sobotear el “alzamiento” (sic) de la Policía Metropolitana. Más allá de los exabruptos, las declaraciones de Macri quedan por tierra cuando el responsable de esta nueva policía, Osvaldo Chamorro, declaró ante el juez que en currículum presentado por Ciro James, aparecía su experiencia de 11 años en la Federal. Y lo de ser un simple aspirante a la Policía Metropolitana, se cae si se observan los cruces telefónicos de las más de 40 llamadas con el mismísimo Fino Palacios (¿habrán trabajado juntos en Boca Juniors?) cuando todavía estaba en funciones.
Ingresar en una realidad paralela, tratar de contar otra historia o desviar culpas, no son más ni menos que eufemismos para nombrar al verbo que circunda todo este caso: mentir. Los métodos utilizados por el gobierno de Macri no sólo hacen recordar a la dictadura sino que son gravísimos y deben ser investigados por la Justicia. Es en estos momentos que uno se pregunta si lo que se está viviendo es tanto más grave que la tragedia que desencadenó el juicio político a Aníbal Ibarra. Si se usa la misma vara, seguramente estaremos esperando otro juicio político.

domingo, 18 de octubre de 2009

Las tareas de la UCEP


Muchas veces un candidato suele hacerse de un cargo político de base electoral a fuerza de carisma, simpatía, un puñado de promesas populistas y un enemigo marcado a quien sacarle rédito. Lo que menos suele tenerse en cuenta a la hora de votar y a la hora de la campaña, es la ideología; pero con el devenir de la gestión es justamente este ítem el que aflora en cada acto de gobierno y puede resultar contrario a lo que los propios votantes esperaban a la hora de emitir el sufragio.
Un caso como este se ha dado en la otrora progresista Ciudad de Buenos Aires, donde la voluntad popular erigió a un gobierno con marcada tendencia a la derecha. Mauricio Macri encarnaba al empresario exitoso, simpático, joven y entrador; pero también a un hombre con ideología signada por la década del ´90, netamente monetarista, de poca sensibilidad social y con muy poca cintura política para encarar los problemas sociales de los porteños.
Cuando el actual Jefe de Gobierno porteño hablaba de trabajar para que los habitantes tuvieran la ciudad que se merecen, habría que haberle preguntado a quién considera ciudadanos y a quién no.
En los últimos días han salido a la luz los movimientos de una unidad de operaciones dependiente del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires llamada UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos). Dicha unidad que en principio debería estar destinada a velar por el buen uso del espacio público y persuadir a los usurpadores (con este término son definidos en el decreto de realización) que desistan en su actitud; muy lejos de manejar estos menesteres se ha convertido en una suerte de grupo de tareas o fuerza de choque del gobierno porteño. No es antojadiza esta descripción. Su principal actividad es desarrollada de noche y tiene que ver con desalojos violentos de viviendas, personas que duermen en la calle o vendedores ambulantes . Insultos, violencia, malos tratos, manoseos y uso ilegal de poder de policía para realizar tareas que no le competen y son altamente condenables, son una constante en las noches porteñas y se vienen desarrollando hace muchos meses. Estos hombres que realizan el trabajo sucio del gobierno macrista (¿querrán de esa manera limpiar la ciudad?¿será una nueva modalidad de la vieja empresa familiar Mantenga limpia Buenos Aires?) se nutre de barras bravas de algunos equipos de primera división de fútbol y otro tipo de personas que nada tienen que ver con la legalidad, aquella a la que suele apelar el propio Macri en sus apariciones mediáticas.
La noticia tomó forma de imagen y dejó de ser denostada como una acusación barata de la oposición porteña cuando los vecinos de los habitantes desalojados del edificio ubicado en la calle Pasco se solidarizaron con ellos y filmaron mediante celulares y cámaras de fotos todos los maltratos este desalojo forzado por la violencia de los hombres de la UCEP. Raramente estas imágenes que sirvieron para que el Observatorio de Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo de la Ciudad presentaran una causa penal contra Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por 5 de estos casos de violencia y violación a los Derechos Humanos, no fueron tomados por ningún medio a excepción de Canal 7. Se hace raro pensar, en casos como este, que la censura de la que tanto hablan algunos sectores que no están a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se cumpla de hecho desde la corporación de multimedios que hoy tienen gran incidencia sobre la opinión pública. Cabe entonces preguntarse desde el periodismo hasta qué punto uno no empieza a convertirse en cómplice de un delito cuando sabe de su existencia y no lo publica.
Pero también cabe preguntarse sobre el rol que tienen los gobernantes en este momento en que vivimos, ya que si un gobierno avala tareas ilegales como las que se están desarrollando hoy en la Ciudad de Buenos Aires y nadie termina por denunciarlo y se sigue permitiendo, estas tareas se institucionalizan y terminan por naturalizarse. Más allá de lo ideológico, Mauricio Macri está al frente de una administración que está cometiendo delitos que creíamos que ya habían quedado en el pasado y por eso debe responder a la Justicia. Muchos ciudadanos han puesto en manos de ese funcionario un mandato que no tiene que ver con persecusiones ilegales, y es a esos ciudadanosa los que debe responder. Porque un mandato no debe dar impunidad, sino obligaciones.