"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

domingo, 18 de octubre de 2009

Las tareas de la UCEP


Muchas veces un candidato suele hacerse de un cargo político de base electoral a fuerza de carisma, simpatía, un puñado de promesas populistas y un enemigo marcado a quien sacarle rédito. Lo que menos suele tenerse en cuenta a la hora de votar y a la hora de la campaña, es la ideología; pero con el devenir de la gestión es justamente este ítem el que aflora en cada acto de gobierno y puede resultar contrario a lo que los propios votantes esperaban a la hora de emitir el sufragio.
Un caso como este se ha dado en la otrora progresista Ciudad de Buenos Aires, donde la voluntad popular erigió a un gobierno con marcada tendencia a la derecha. Mauricio Macri encarnaba al empresario exitoso, simpático, joven y entrador; pero también a un hombre con ideología signada por la década del ´90, netamente monetarista, de poca sensibilidad social y con muy poca cintura política para encarar los problemas sociales de los porteños.
Cuando el actual Jefe de Gobierno porteño hablaba de trabajar para que los habitantes tuvieran la ciudad que se merecen, habría que haberle preguntado a quién considera ciudadanos y a quién no.
En los últimos días han salido a la luz los movimientos de una unidad de operaciones dependiente del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires llamada UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos). Dicha unidad que en principio debería estar destinada a velar por el buen uso del espacio público y persuadir a los usurpadores (con este término son definidos en el decreto de realización) que desistan en su actitud; muy lejos de manejar estos menesteres se ha convertido en una suerte de grupo de tareas o fuerza de choque del gobierno porteño. No es antojadiza esta descripción. Su principal actividad es desarrollada de noche y tiene que ver con desalojos violentos de viviendas, personas que duermen en la calle o vendedores ambulantes . Insultos, violencia, malos tratos, manoseos y uso ilegal de poder de policía para realizar tareas que no le competen y son altamente condenables, son una constante en las noches porteñas y se vienen desarrollando hace muchos meses. Estos hombres que realizan el trabajo sucio del gobierno macrista (¿querrán de esa manera limpiar la ciudad?¿será una nueva modalidad de la vieja empresa familiar Mantenga limpia Buenos Aires?) se nutre de barras bravas de algunos equipos de primera división de fútbol y otro tipo de personas que nada tienen que ver con la legalidad, aquella a la que suele apelar el propio Macri en sus apariciones mediáticas.
La noticia tomó forma de imagen y dejó de ser denostada como una acusación barata de la oposición porteña cuando los vecinos de los habitantes desalojados del edificio ubicado en la calle Pasco se solidarizaron con ellos y filmaron mediante celulares y cámaras de fotos todos los maltratos este desalojo forzado por la violencia de los hombres de la UCEP. Raramente estas imágenes que sirvieron para que el Observatorio de Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo de la Ciudad presentaran una causa penal contra Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por 5 de estos casos de violencia y violación a los Derechos Humanos, no fueron tomados por ningún medio a excepción de Canal 7. Se hace raro pensar, en casos como este, que la censura de la que tanto hablan algunos sectores que no están a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se cumpla de hecho desde la corporación de multimedios que hoy tienen gran incidencia sobre la opinión pública. Cabe entonces preguntarse desde el periodismo hasta qué punto uno no empieza a convertirse en cómplice de un delito cuando sabe de su existencia y no lo publica.
Pero también cabe preguntarse sobre el rol que tienen los gobernantes en este momento en que vivimos, ya que si un gobierno avala tareas ilegales como las que se están desarrollando hoy en la Ciudad de Buenos Aires y nadie termina por denunciarlo y se sigue permitiendo, estas tareas se institucionalizan y terminan por naturalizarse. Más allá de lo ideológico, Mauricio Macri está al frente de una administración que está cometiendo delitos que creíamos que ya habían quedado en el pasado y por eso debe responder a la Justicia. Muchos ciudadanos han puesto en manos de ese funcionario un mandato que no tiene que ver con persecusiones ilegales, y es a esos ciudadanosa los que debe responder. Porque un mandato no debe dar impunidad, sino obligaciones.

domingo, 4 de octubre de 2009

La vara de los medios


¿Qué es un fenómeno de masas? ¿Cómo llega a la comunidad? ¿Cuáles son los factores que lo hacen contar con el apoyo popular o perderse en el más oscuro de los ostracismos? En realidad ningún estudiosos de las ciencias sociales se atreve a proponer un plan infalible para obtener la gracia de las masas y así ser unánimemente apoyado por el sentido común de los Argentinos. Aunque vista la historia de los últimos diez años, cualquiera podría dar algunos consejos de qué cosas hacer, qué cosas no hacer, qué léxico utilizar o qué banderas levantar para que la masa simpatice con su lucha.
Para tomar un puñado de conclusiones puede uno sentarse a analizar desde la función discursiva aquel lock-out patronal de 2008, popularmente conocido como el “paro del campo” y la lucha que se está desarrollando en estos días por parte de los trabajadores de Kraft (ex Terrabussi) para la restitución de los 150 despedidos por la empresa. Sería interesante indagar por qué dos protestas de trabajadores y aparentemente justas (esto es lo que dice el imaginario popular y se puede estar a favor o en contra) no tuvieron el mismo apoyo por parte de la ciudadanía al punto que uno logró una movilización masiva de una parte del tejido social y la otra navega en la más grande de las indiferencias.
El lugar inicial de donde pude partir un análisis es llegar a entrever desde qué mirada una persona común podía pensar a cada uno de los actores en cuestión. Qué bagaje le trae a su mente, qué sentimientos están en cuestión o qué visión tenían de ellos antes del conflicto. El campo está emparentado con la tradición, Terrabussi también, es una de las marcas de golosinas más antigua y reconocida de nuestro país. Desde el campo salen productos que engalanaron la mesa de los argentinos por muchos años, lo mismo que los productos Terrabussi. Es decir que por los productos de un sector y otro, la parte sentimental o de conocimiento a priori, no se sacan ventaja.
Otro aspecto a analizar son sus modalidades de la protesta. Del mismo modo unos y otros cortaron rutas e hicieron piquetes para que sea conocida y difundida su lucha y objetivos. De parte de los integrantes del lock-out patronal, con el agravante de disponer de los camiones que le permitían pasar y a cuáles no, dependiendo de la comercialización o no de granos. De hecho los trabajadores de la ex Terrabussi negociaron con la policía un carril para que pudieran pasar de manera muy lenta los vehículos que esperaban en la Panamericana. Por lo que la medida de los despedidos parecería un poco menos molesta.
Como una última cuestión alrededor de esto puede fijarse en la cercanía o lejanía del problema. Por un lado las retenciones a la soja de un campo que para la ciudad solo se traduce en pan y verdura, contra los despidos de una empresa mucho más cercana a la metrópoli y que puede erigirse como un espejo para muchos de quienes obtienen el sustento de su trabajo en fábricas y oficinas y se podían sentir expuestos a que les pasara lo mismo. En pocas palabras, el conflicto de Terrabussi tiene muchas más posibilidades de hacer sentir reflejada al grueso de la población de las ciudades que el conflicto del campo.
Si hasta ahora la balanza viene dando ganancias al conflicto Kraft, por qué no pudieron movilizar a muchos hombres y mujeres de las ciudades para apoyar su lucha, como fue la idea desde el principio. Si se tuviera que acotar la respuesta a dos palabras no sería muy difícil manifestarse: política y medios. La visión política conducida por un odio ideológico y tradicional a la tendencia política que encarna el peronismo para el viejo grupo de patrones rurales, sumado a la muy buena tarea que se hizo de victimización y, como contraparte, poner al gobierno en un lugar de ente totalitario; lograron esta suma de voluntades contrarias al Gobierno Nacional que no por ser una minoría, dejaron de obtener la repercusión obligada por parte de los medios. Al ojo del ciudadano común, Kraft o Terrabussi no es más que una lucha sindical más y muy poco hay de interiorización del tema.
El papel de los medios es el que hizo la diferencia. El uso de términos como “paro del campo, grupo de peones, chacareros, labradores, jornaleros, empleados agrícolas o cortes de ruta” chocaron contra otras palabras de la talla de “trabajadores despedidos, delegados gremiales, sindicatos, infiltrados, incidentes, piquetes, marchas, políticos y activistas de izquierda”. Es obvio que los primeros términos no remitían a las mismas acciones de los segundos y el prestigio social de unas y otras palabras hacen la diferencia. Pero cuando todo se hace bajo el supuesto halo de la objetividad, todo se hace más difuso.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La batalla final


Uno de los mecanismos de defensa más reconocidos o reconocibles por la psicología en la vida cotidiana corresponde al fenómeno de proyección. Este mecanismo consiste en atribuir a otros o al mundo exterior en general, motivaciones que se rechazan, deseos que no reconocen o sería insoportable para una persona aceptarlos. Transpolado al mundo de la persuasión, puede ser muy convincente para un comunicador pegar primero y adosar características negativas propias al contrincante de turno. De esa manera, todo lo que se diga de la persona o grupo de personas que dieron el primer golpe, llevará para siempre el manto de la duda.
En la Argentina, una batalla que se venía llevando de manera sesgada y con rehenes de turno (lo fue el campo, la inseguridad u otra noticias caliente), ha salido a la cancha con todas sus armas bien visibles y otras tantas que no se pueden ocultar demasiado. El Grupo Clarín, sindicado como el principal monopolio mediático del país se enfrenta con el Gobierno Nacional (aunque muchos otros partidos apoyen la iniciativa) para evitar la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y ya se pueden observar las descargas de artillería en las tandas de cualquiera de los medios que integran el espectro radioeléctrico (que si algún despistado no lo sabe, es el único sistema que trata la ley).
Desde una campaña de afiches del diario Clarín que busca levantar la imagen y posicionarse como el paladín de la verdad ante las mentiras del Gobierno (insisto, los diarios no serán legislados por este todavía proyecto), hasta alguna que otra fundación de no muy clara procedencia o agrupaciones de canales y radios privadas; todos tienen algo que decir a nivel mediático.
En primer lugar, los spotd publicitarios que comenzaron a verse en televisión fueron confeccionados por la Fundación Valores para el Bien Común. Los contenidos de sus avisos en fondo negro y fotografía blanco y negro, versó sobre el juego de palabras entre medios y miedos, y de la importancia de que el Gobierno no digite que contenidos tendrán los canales bajo la amenaza de sacarles la licencia. Un poco más aceitadas, las otras dos propagandas fueron más efectivistas, la primera borrando todos los números de un control remoto menos el 7 y un ficticio botón que decía Telesur (en obvia relación a la cadena de noticias que regentea el gobierno de Hugo Chavez) como haciendo notar que a este Gobierno le gustarían estas pocas opciones. En la caso de la segunda, bien elaborada a efectos de movilizar sensaciones en el espectador se dedicaron a mostrar gente prendiendo una vela contra la oscuridad y uniéndose hasta formar un gran grupo de personas y velas. La relación con la marcha de Blumberg es casi instantánea, aquel fue un duro golpe contra el gobierno de Néstor Kirchner, pero también el derrumbe, a partir de ese pico, del falso ingeniero. Más allá de tener el mismo locutor del Grupo Clarín y un tratamiento visual muy parecido, para ilustrar a quién responde esta fundación (no publica dirección o contacto, ni deja rastros en ninguna página de internet) vale una pequeña historia: a la vuelta de la tanda de un conocido programa político que se emite los domingos a la noche por América TV en la cual se había pautado este comercial, uno de los tres conductores dice textualmente –“Bueno, ahí están los spots de Clarín”-
Una rara coincidencia se produce en otro comercial que puede verse en las pantallas de televisión y está firmado por ATA, la Asociación de Televisoras Privadas Argentinas. Repite casi a la perfección la publicidad antes desarrollada del control remoto. Sonaría a coincidencia o a “homenaje”, si no fuera porque como secretario de esa entidad se encuentra a Jorge Rendo, el responsable de Asuntos Institucionales del Grupo Clarín, un hombre que viene de la entraña del diario homónimo y muy poco sabe de televisión.
Del otro lado el Gobierno Nacional con una propuesta comunicativa muy acertada desde el lugar casi académico, apoyado por personalidades de la cultura y la política, mostrando una actitud muy pasiva ante las agresiones recibidas. Como si se diera cuenta que desde el barro puede llegar a perder muchos apoyos y sin tener la necesidad de confrontar. Mientras que sigue sumando adhesiones de ONGs, pueblos originarios, asociaciones civiles sin fines de lucro y organizaciones sociales. La sensación que sobrevuela el ambiente es que con esto y con el inestable papel de la oposición le sobra para darle fuerza de ley al proyecto.
La cuenta regresiva ya está en marcha. El campo de batalla está repleto y los primeros fogonazos ya se están escuchando. Es demasiado el bagaje y el tiempo de exposición para que los monopolios puedan lavar su cara y presentarse como un instrumento pluralista de la democracia. Es por eso que lo único que le queda a los comunicadores que no quieren esta nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es proyectarle al Gobierno Nacional las mismas adjetivaciones negativas que pesan sobre ellos. Mientras tanto, y casi indiferente a todo esto, el proyecto con media sanción sigue su curso hacia el Senado.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Las dos caras de una realidad


Un periodista sale a recorrer la Ciudad de Buenos Aires para tomar testimonios sobre la opinión de los transeúntes sobre la Ley de Servicios Audiovisuales; al encontrarse con un joven de no más de 23 años y hacerle la pregunta de rigor, el chico asintió con tono severo que le parecía vergonzosa la actitud del gobierno y que deberían dar marcha atrás con la propuesta. Ante la repregunta del periodista sobre los medios que nutrían su opinión el joven tragó saliva y respondió: “EEhhhhhhh…………..Clarín, La Nación, TN y Canal 13”.
La realidad puede construirse desde muchos costados, el problema se empieza a dar cuando quienes están brindando el servicio de informar lo que pasa en una sociedad, comienzan a ser protagonistas de ella y por eso parte interesada. La confluencia entre estos vicios de la información sumadas a las ideologías de parte de la dirigencia que está en consonancia con sus pensamientos macroeconómicos; pueden producir un cóctel muy difícil de digerir para la sociedad argentina.
En total consonancia con esta mecánica, el tratamiento, el debate y la discusión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se vieron teñidos por una gran cantidad de versiones, malas interpretaciones o comentarios que le imprimían a la ley ciertas facultades que en la redacción de los artículos no existen.
En primer lugar fue vox populi el tema de que la nueva ley iba a regular los contenidos de los medios y por ello la libertad de expresión. En realidad el único intento de regulación que podría tomarse como regulación de contenidos es la obligatoriedad de la cuota de pantalla para películas nacionales y el porcentaje de música nacional (30%) que deben programar las radios. Estas medidas, muy lejos de mancillar la libertad de expresión, son instrumento de fomento de la producción nacional que redunda en trabajo para los argentinos.
Otro de los grandes interrogantes que se suele hacer el conglomerado oposición-grupos económicos implicados redunda en la distribución del 33% del espacio radioeléctrico que será otorgado a agrupaciones sociales. El comentario más escuchado es que las van a distribuir entre sus “amigos”, algo que como ente de control (ya que va a haber espacio para las dos minorías de la cámara) van a poder regular la entrega de espacios. De todas maneras, los gobiernos pasan y las leyes quedan, por lo que en algún momento las organizaciones ya no serán adictas al gobierno y en otro deberán entregar las licencias pasados 15 años.
Parece molesto intentar un intervencionismo estatal para regular ciertas normas de mercado, esto no es nuevo y fue mala palabra en la década del ’90. Comienza a darse la casualidad que esos mismos agentes que obtuvieron beneficios suntuosos durante el gobierno menemista (Ley Dromi entre otras) justamente quieran demonizar una intervención del Estado en cualquiera de sus formatos que solo tenderá a corregir un desvío mercantil para reponer un estado de justicia en él. La ideología no cambia, aunque el maquillaje sea distinto.
Por otro lado, es menester analizar la vergonzante huida de la oposición en pleno debate ante la posibilidad de no obtener la mayoría para vetar el proyecto de ley de Servicios Audiovisuales. Que es inconstitucional el tratamiento, que no se dio tiempo para leer el dictamen de comisión, que era una ley a las apuradas porque esta Cámara no representa a los Argentinos. Si de representar se habla, lo realizado por la oposición de retirarse del recinto sin presentar ningún tipo de debate ni votación, no es lo que recomienda una ética republicana sino más bien todo lo contrario. En referencia a los términos legales, el llamado fue a una sesión especial que hasta se puede tratar sin dictamen de la comisión, por lo que el procedimiento fue correcto. Y la representatividad que la Cámara de Diputados tiene hoy fue votada por toda la Argentina hasta el 10 de Diciembre de 2009, por lo que la representación está salvada y no se puede condenar a esta composición del Congreso a no hacer nada hasta que venga la renovación.
Existen muchas formas de construir la realidad, el problema es cuando la libertad de expresión se lleva a su inverso y el espectador no tiene la posibilidad de elegir una u otra forma de informarse (derecho a la información como Derecho Humano) porque se encuentra preso de los multimedios que ejercen su posición dominante sobre otros medios que pueden emitir otras informaciones. Estos medios se pueden amparar en que son empresas exitosas, pero si comenzamos a escarbar esta afirmación y tomamos nota de las maniobras de competencia desleal o la cantidad de empresas quebradas a manos de estas maniobras, la conclusión sigue siendo como mínimo sospechosa. Toda ley puede ser perfectible, pero si uno se sienta a observar quienes alzaron su voz contra ella, automáticamente pueden emerger las bondades de este tan mentado proyecto.

domingo, 30 de agosto de 2009

Las funciones del fútbol


Fútbol para todos. Fútbol para algunos. Que el fútbol no es negocio para el Estado. Que se subsidia una actividad. Que hay temas más importantes y urgentes para las inversiones estatales. Que en realidad fue un duro golpe contra el Grupo Clarín. Y muchas otras cosas que se han escuchado en los crispados medios de comunicación de hoy. Ahora, con la idea de romper un poco con la hegemonía de la información dominante, sería bueno analizar la función de este fútbol accesible para toda la sociedad.
Como primera medida, la cantidad de partidos de fútbol televisados a nivel público muestran el deporte en sus distintas facetas y hacen que las personas encuentren motivación para practicar este juego. Claro, la actividad física redunda en salud para quien la realiza y mediante los grupos de inclusión (en este caso, equipos) comparten una actividad sana y se alejan de otros escenarios menos favorables para su salud física y social.
La integración de chicos y adolescentes a una rutina de vida saludable y alejada de vicios sociales como la drogadicción o la delincuencia. Pero ver fútbol también enseña cosas que van más allá del deporte y sirven para la vida. Tal vez lo más importante versa sobre el trabajo en equipo y en saber potenciar las capacidades de cada uno en su mayor potencial, y saber dejar en manos de otro las tareas que mejor le salen. Este tipo de enseñanzas también tienen lugar con la práctica del deporte y tienen su correlato en la vida social.
La noción de reglas cumple también un papel fundamental . Al observar un deporte como el fútbol, se puede ver que existen reglas que deben cumplirse y cada una de las infracciones a este reglamente tiene consecuencias, ya sean penales, tiros libres o directamente la expulsión. También el respeto a la autoridad dentro del campo que exige la figura del árbitro, el cual tiene la función de impartir equidad en la contienda y tiene la última palabra sobre las decisiones disciplinarias y reglamentarias del deporte; no por casualidad muchos suelen decirle juez. Incluso se puede aprender algo muy importante que tiene que ver con la creatividad: los mejores jugadores, las estrellas y los que se destacan muestran que dentro de los límites de las normas se puede crear y hacer cosas fuera de lo común. Y que el esfuerzo por la preparación y el tiempo de entrenamiento tienen un resultado tangible y siempre positivo.
Otra faceta interesante que ofrece ver fútbol para un chico es justamente vislumbrar una alternativa de carrera hacia el éxito. Querer parecerse a su ídolo, tal vez lo aleje de algunas tentaciones que todos los chicos (sin distinción de clase social) pueden tener en su trance hacia la adultez.
Sin dudas el deporte es esencial en la vida de los argentinos, si después se quiere hilar fino y con alguna intención distintiva del discurso oficial será carne de debate la idea de tratar de calmar las masas dándoles el fútbol o tratar de neutralizar reclamos con medidas populistas. Pero por otro lado, que muchos hogares a los que no podía acceder, el poder ver a su cuadro, fomentando la actividad familiar, el encuentro entre amigos y la vida de uno de los representantes más sólidos de la cultura popular argentina, no parece articular contra la propia sociedad, y más si como augura el Estado, dará ganancia que servirá para el fomento de otros deportes menos populares.
Coyuntura política por un lado y medidas que redundan lo nacional y popular. ¿Está tan mal lo realizado en estos días por el gobierno? Si le preguntáramos a todos los integrantes del país ¿cuál sería el resultado? Tal vez haya que retirarse de los grandes medios imponiendo agenda y pensar desde el llano este tipo de cosas antes de repetir lo instaurado. Sería mucho más sano, tanto como hacer deporte.

lunes, 17 de agosto de 2009

La realidad y el paso del tiempo



¿Qué significa la frase para siempre? ¿En qué parte de la eternidad se ubica uno para decir vocablos de ese tipo? ¿Cuánto dura en la sociedad ultra veloz de hoy tamaña afirmación? Este epitafio de claro corte filosófico no corresponde a ningún tratado sobre la sociedad sino al universo de las acciones políticas en la Argentina y sus conexiones con la realidad y con el paso del tiempo. Menuda empresa que se tratará de desarrollar en las próximas líneas.
La característica principal (o tal vez sea el principal defecto) se desarrolla con la asunción de un nuevo gobierno. A la nueva administración, lejos de ofrecerle el apoyo suficiente y la claridad para desarrollar la flamante voluntad del pueblo, se lo acusa automáticamente de los problemas que el país viene arrastrando de años. Casi como un mecanismo de defensa, el flamante gobierno (salvo honrosas excepciones) planta sus banderas hacia los vientos que vociferan la pesada herencia recibida y los cambios a realizar. Pero justamente esos cambios caen bajo la acusación de la oposición de turno que les multiplica los adjetivos, desde las incipientes medidas tildadas de revanchistas con el régimen anterior, hasta las que son denominadas presas del oportunismo partidario del momento o de las propias ambiciones de quienes han accedido al ejecutivo. Nadie opone a sus dichos una visión de largo plazo o la idea de que en algún momento ellos deberán continuar con el proyecto que se va gestando.
Cuando la atención se desvía al Congreso Nacional, la cosa comienza a complejizarse. Las dos cámaras suelen ser testigos de peleas y tergiversaciones de la realidad. El podio lo ocupa aquella actividad casi futbolística que hace que la sanción de las leyes entre el oficialismo y la oposición se parezca cada vez más a una disputa entre River y Boca. Sólo se busca ganar a cualquier precio y dejando a la oposición lo más abajo posible en los votos, aunque la realidad indique que la mejor forma de votar una ley es mediante el consenso de los representantes elegidos por el pueblo.
Por otro lado, se observa que las leyes sancionadas por el Parlamento tienen un dejo de circunstanciales, desde el punto de vista de una oposición que acusa la derrota y tilda toda ley de inconstitucional o fuera de los valores de la República. Sobrevuela sobre estas sanciones el fantasma de estar viciadas y se presentan como leyes que morirán con el gobierno de turno, cuando en realidad son la emanación de la voluntad popular representada indirectamente por los legisladores y esas leyes tendrán tanta legitimidad en el momento de su sanción como cuando el gobierno que la impulsó ya no sea parte de la administración. En este caso se vuelve a trastocar el tiempo de vida útil de estas normas y su trascendencia legal en el tiempo.
El punto que subyace todo esto se instala en la falta de una proyección nacional y consensuada a largo plazo entre todos los integrantes de la política. Tal vez sea falta de maduración democrática o poco rodaje consecutivo lo que lleva a la clase política a no poder ponerse de acuerdo en algo que redundaría en el bien común (lo que se suele buscar en política según los libros que se dedican a ello). Los constantes quiebres que se producen políticamente no le dan aire a ningún proyecto, como si se volviera incesantemente a la paradoja de estar siempre en la línea de largada.
De la radicalización al dialoguismo, de los autoritarios a los conciliadores o de los padres de la democracia a los tibios; la historia política argentina no ha sabido de diálogos en serio, ni de políticas a largo plazo que dejen fuera los intereses partidarios y pongan en primer lugar los intereses de la Nación. Muchos pueden afirmar que sentar las bases de un sistema de este tipo tiende a derechizar mucho el rumbo político de un país. Pero en tiempos donde el péndulo ideológico sólo tiende a moverse 5 grados hacia cada lado de las tendencias, las necesidades de un futuro de proyección unificada y no de peleas partidarias internas harían una diferencia desde un proyecto a largo plazo. Para que este por ahora se transforme en un para siempre.

viernes, 7 de agosto de 2009

El medio es el mensaje


En las colonias de La Forestal, los dueños de la empresa que buscaba el tanino de los quebrachos para tratar el cuero, solían pagar a los hacheros con bonos internos (o monedas que decían por lo que podía canjearse) que solo se podían cambiar en el almacén de ramos generales que estaba dentro de la propia colonia. El problema siempre se suscitaba cuando los peones iban en busca de sus alimentos a dicho establecimiento y se encontraban con los precios que el patrón cambiaba a su antojo. Como no podían comprar en otro lado, resignados, tomaban sus productos a los precios usurarios que imponían los dueños. El precio y contenido de la mercadería, era manipulada por quienes poseían el monopolio de las remuneraciones y el de la comercialización de productos de subsistencia.
Con el advenimiento de la justicia social y los derechos laborales, de manera civilizada o no, situaciones como esta tendieron a desaparecer. Mientras que aquellos patrones que se enriquecían de manera obscena gracias a la necesidad de quienes trabajaban en sus colonias, rumearon su bronca a los gobiernos de turno, acusándolos de inmorales, autoritarios y represores, mientras tejían fábulas como la que tildaban a las nuevas conquistas sociales existía “un dictadura o venganza de los trabajadores hacia sus patrones”.
Los tiempos cambiaron y las disputas políticas fueron hacia nuevos horizontes, pero los intereses siempre funcionaron de la misma manera y se movieron por los mismos lugares. Las estrategias económicas se refinaron y las formas de proceder o de ofrecerles los productos a los consumidores para obtener ganancias, se fusionaron con la modernidad y se hicieron mucho más indirectas. La irrupción de los medios masivos de comunicación en los hogares de las personas y la hipermediatización que sufrió la vida cotidiana de los argentinos en los últimas dos décadas, provocaron que ciertos vicios del mercado llegaran a los medios de comunicación y dejaran para otra ocasión la libertad de prensa y la independencia del periodismo. La información comenzó a convertirse en un bien de cambio con valor de mercado y su coyuntura tuvo que adecuarse a los vaivenes de este.
Con la mercantilización de la información y la apertura del mercado de pases de los medios, también se observó que con la adquisición de un medio se podía obtener una influencia superlativa en los espectadores/lectores que podría torcer la tendencia del pensamiento hacia un lugar determinado. Influir, aprobar, denostar o darle brillo a un personaje de la política, parecía algo sencillo para cualquier medio de comunicación de llegada media. Así, los mass media y la política se volvieron a encontrar como en tantas etapas de la historia, para realizar juntos una tarea que le conviniera a los dos, mientras se escudaban en la gran falacia del medio independiente.
Lejos de mostrar con la mayor objetividad posible lo que (según dicen) ocurre en el país, el truco está en mostrar una realidad cargada de ideología y de intereses de la minoría que maneja el medio para imponer esa visión como lo real. En lugar de fomentar el pensamiento del receptor desde la muestra de un hecho (aunque no sea del todo pura, ya que siempre tiene alguna visión de quien lo cuenta) se le sirve todo en bandeja, ya analizado, masticado y casi digerido para que el consumo se produzca rápido y en los términos deseados por el emisor.
Pero vuelve a aparecer un tiempo de quiebre, un relentado cambio del estado de las cosas propuesto. Alguien propone rever la situación de los medios de comunicación y promover una nueva ley que impulse la pluralidad de los medios y que nadie se acerque al monopolio al que marchaban aceleradamente. Entonces se desata la batalla y los que no quieren que nada cambie se encuentran mejor preparados.
Se muestra un mundo particular y parcializado del que nadie desea salir. Son muchos los que desconfían, los que creen que se está exagerando el encono contra el gobierno de turno, o que a las figuras folklóricas de la televisión se les está yendo la mano. Pero se especula con el miedo al afuera, el miedo al quedar apartado de la sociedad que se habita por informarse de otra manera; se especula con el terror a ser diferente y quedar segregado. Es por eso que logran un consumo sin objeciones, demonizando todo lo que venga por fuera de ese mundo armado.
Es la diferencia entre verdad y verosimilitud, lograr que todos crean como verdadero algo que no es real pero lo parece. Algo que se perfila como más cómodo que intentar hacer un cambio que pueda llevar a la ruina el negocio. El ejercicio que llevan a cabo es tratar de pretender que no hay otra forma de ver las cosas, como los trabajadores de La Forestal, que trataban de pensar que el mundo de afuera era mucho peor a la explotación en la que vivían.