"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

domingo, 3 de enero de 2010

La felicidad y la modernidad


La rutina diaria a veces nos toma como autómatas tratando de llegar al objetivo que llamamos vida; aunque algunas veces no tomamos real dimensión de cuántas cosas han cambiado a nuestro alrededor y cómo en tan poco tiempo nuestras vidas, todo lo que nos rodea y las herramientas de las que nos servimos para vivir, han dado un vuelco impredecible.
Parece increíble pero basta con describir un par de acciones cotidianas para que la nostalgia, o no tanto, invada nuestros sentidos y nos muestre una imagen de la vida a la que no estamos acostumbrados o a la que preferimos simplemente ignorar.
Cambiamos el despertador a cuerda o el radio reloj por el celular con alarma o el equipo de audio que cortan nuestro descanso con melodías a elección, algo así como poder seleccionar cómo ser torturado por la mañana.
El viejo cacharro de enlosado donde se solía calentar la leche, con la atención puesta que ante la primera espuma ascendente había que apagar el fuego por peligro de vuelco, fue dejado de lado por el horno microondas y la rapidez de sacar la taza lista para tomar.
Otra costumbre que comienza a extinguirse con el avance tecnológico es la avanzada de los diarios digitales sobre el viejo ejemplar de papel que mancha un poco los dedos de negro por el trajinar entre las hojas. Aunque el soporte de papel guarda todavía el territorio salvador del transporte público y su maniobrabilidad, internet muestra más variantes y multiplicidad de lecturas.
La comunicación también es un factor totalmente revolucionado. Basta con oprimir un botón para poder estar en contacto con la mayor cantidad de tus amigos, saber su estado de ánimo, compartir las fotos de las vacaciones, y dejar sentadas las bases de lo que cada uno piensa sobre los temas de actualidad. Más allá de compartir el hipertexto (textos donde una palabra o grupo de palabras nos abre un universo cargado de otros textos) lo obsoleto pasa por la máquina de escribir, el fax y el teléfono de línea. Celulares con llamadas gratuitas entre algunos números, acceso remoto a internet, radio y buscador satelital, han resuelto gran parte de las herramientas para trabajar en una oficina.
La cámara de fotos amerita un comentario aparte. Una pared de Buenos Aires reza: “Las cámaras digitales nos han robado el alma”. Raro comentario, pero no del todo desacertado, ya que la proliferación de celulares con cámara y de los mismos artefactos de fotografía digital han cambiado por completo la calidad y la cantidad de fotografías tomadas a lo largo y a lo ancho del mundo. Antes había que comprimir las vacaciones en 36 fotos con todo los que eso significaba y con los costos que podía conllevar semejante empresa. Hoy las imágenes tomadas se multiplican por miles y han atentado con el aura de aquellas reproducciones donde se explicaba mucho más de lo que la imagen decía. Al haber más secuencias, la historia se cuenta sola. También suele extrañarse aquella romántica incertidumbre desde el momento de sacar la foto hasta tener el papel revelado en las manos.
Lo ilimitado de la modernidad también ha traído despersonalización en las relaciones, desde la digitalización de los trámites de todo tipo hasta la falta de comunicación personal entre los individuos. Los chat, mails y redes sociales comienzan a desplazar en contacto cara a cara y la mediación de la tecnología toma un impulso grande en las relaciones sinterpersonales. No verse cara a cara o siquiera escuchar la voz del interlocutor desde el otro lado del teléfono despersonaliza el contacto y muestra un modo de vínculo que mucho difiere que aquel “nos vemos en el parque” o “nos juntamos a tomar algo”. Nada es mejor o peor, pero distinto, seguro.
Los casos para inferir son muchísimos más, los juegos en la calle, las competencias con los vecinos de la cuadra, los juegos de mesa, el aparato del contestador automático, la idea de ir a hacer las compras y no pedirlas por teléfono, la venta de galletitas de la lata, etc. Todo cambio lleva a una ruptura y un reacomodamiento; puedo entender que toda nueva herramienta es útily facilita la vida cotidiana. Se puede entender eso, pero qué felices fuimos sin tanto aparato y con tanta más imaginación.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Las excusas infantiles


Hay cosas que parecen no tener explicación. Cuando un chico en edad escolar es sorprendido por su maestra haciendo alguna travesura, automáticamente tiende a defenderse de la única forma que sabe, y es acusar a algún otro compañerito de estar haciendo lo mismo. Con el tiempo y las enseñanzas de la vida, ese mismo chico comienza a comprender y asumir las consecuencias que sus acciones producen y eso lo inserta en el mundo de los adultos. Es por eso que cuando una persona grande no responde como debería a estos actos, es catalogado de imponer excusas infantiles.
Ese cúmulo de excusas sin sentido y hasta de cierta forma desconectadas de la realidad, se agrupan en lo que los medios ya han nominado como el “Macrigate”, ese escándalo de escuchas telefónicas con mucho de espionaje y demasiados puntos oscuros que sus protagonistas no se preocupan en aclarar sino muy por el contrario, mediante excusas pueriles y rayando lo infantil, enturbian la investigación y desconciertan a todos los ciudadanos.
La primera excusa de muy bajo calibre fue vertida por el mismo Ciro James (principal implicado en la causa de las escuchas y empleado del Ministerio de Educación Porteño) cuando el allanamiento judicial descubrió todo la maquinaria para pinchar teléfonos, el imputado respondió: “Es para uso netamente educativo”. Cuando tampoco es legal enseñar algo que está fuera de la ley, como pinchar y escuchar conversaciones con objetivos de espiar.
Ante tamaño escándalo, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, llamó a una conferencia de prensa para hablar sobre las denuncias. El manual de un gobernante al que le estalla un escándalo de estas magnitudes en las manos dice que se debe tomar distancia con las personas implicadas y prometer la más clara de las investigaciones para que la verdad salga a la luz. Bastante lejos de esto, Macri dijo que no conocía a Ciro James y que creía que era un espía de la Policía Federal infiltrado para impedir la puesta en marcha de su Policía Metropolitana. También manifestó que el renunciado jefe de su policía, Jorge el Fino Palacios, no sabía quién era James y que nunca había tenido contacto con él. Es decir, en este capítulo de la historia se niega todo y se le echa la culpa a otro.
Entre declaración y declaración, los hechos salen a la luz y destapan un montón de circunstancias que inculpan directamente a la línea dirigente del Jefe de Gobierno y a su propia persona. Aparecen fotos y documentos que demuestran que Ciro James trabajaba para la seguridad de Boca Juniors bajo la conducción de Palacios, que era conocido por Macri y que sabía que pertenecía a la Policía Federal. De hecho, el propio Fino Palacios dijo que lo había recomendado él para la nueva fuerza policial porteña y que sí lo conocía desde antes. Durante la misma investigación, entre las personas con el teléfono pinchado se descubre al ex cuñado de Macri, quién horas después de declarar ante el juez de la causa es baleado en la puerta de su domicilio. Y en los últimos días, el escándalo llegó a manchar al reemplazante de Palacios en la jefatura de la Policía Porteña, Osvaldo Chamorro. Luego de esto y la detención del Fino Palacios y Ciro James, se volvía a esperar la palabra de Mauricio Macri y los detalles de la postura del gobierno porteño.
Con la futbolera marquesina como fondo que muestra el logotipo del gobierno porteño impuesto por su gestión, Macri volvió a dar una muestra práctica de poca muñeca política, de falta de asesores comunicacionales y de un cinismo poco visto en un gobernante desde la década del ´90. Sin decir una sola palabra de la responsabilidad de su administración por tener a cargo a personas que realizaban escuchas telefónicas ilegales y hacían inteligencia sobre sus propios funcionarios y de legisladores o representantes gremiales opositores, se dedicó a hacer declaraciones como: “El gobierno nacional quiere boicotear a la Policía Metropolitana…primero fueron por los medios, luego por Corrientes, después por las empresas (¿?) y ahora vienen por la Ciudad de Buenos Aires”. Ni una sola mención al caso de las escuchas, ni una sola mención a la labor de la Justicia, ni un solo atisbo de autocrítica.
Lo preocupante no radica sobre la pelea que Macri y los suyos mantienen con el Gobierno Nacional, sino la lejanía de la realidad que muestra el Jefe de Gobierno, rozando casi la ignorancia de los acontecimientos que ocurren en su gobierno; o, lo que es peor, haciendo caso omiso a la ley vigente y permitiendo maniobras delictivas. De cualquier manera, por uno o por otro motivo, que se den estos hechos bajo la administración de una figura que quiere ser presidente, es preocupante para todos los argentinos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Los medios al centro


¿Cómo llegamos aquí? Una frase que puede hacerse muy frecuente luego de recorrer un largo camino, tomar decisiones de cómo encarar las encrucijadas y ya no poder divisar el punto de partida. Como si se hiciera una mapeo hacia atrás para encontrar motivaciones, anhelos, acierto y vacilaciones, que motorizaron el estado actual de las cosas. Sin embargo, la partida siempre implica una llegada, y es esa propia llegada la que queda difusa y no siempre se condice con el objetivo que se tenía a la hora de partir. Periodistas y medios de comunicación comenzaron a recorrer un camino parecido desde la tarea de informar hacia el protagonismo dentro de la sociedad. Es por eso que en estos momentos álgidos cabe preguntarse: ¿Cómo llegamos a esto?
En lo que refiere a la labor del periodista, Alicia Entel, reconocida por sus estudios sobre los medios de comunicación, daba a sus alumnos una definición muy interesante de la labor del periodista: “Los periodistas son los primeros historiadores de un hecho” y con ello hablaba del privilegio de poder sentar la piedra fundamental o el basamento a lo que luego muchos denominarán como un hecho histórico. Claramente se justifica la trascendencia de la profesión en su papel de cronista de una realidad.
Las funciones de la actividad del periodista tienen clara referencia a la comunicación social. Es decir que su objetivo esta centrado en la sociedad y no en sus propias necesidades. Justamente como lo hace la nueva ley, los medios de comunicación son un servicio y no un fin en sí mismo. Se podrían definir como instrumento, como vía de expresión, justamente como un medio.
Y aquí se ingresa al punto fuerte de la cuestión. Preguntarnos en qué momento los medios pasaron de la mediación al protagonismo. No se debe transitar tampoco la ingenuidad, por más que se hable de un hecho bajo el inmaculado halo de la objetividad, cada descripción y cada elección de una palabra con respecto a la otra sienta una opinión o una visión a ese respecto. Es decir, una vez más, que la objetividad no existe.
Hasta aquí, todo claro, pero es mejor regar estos dichos con una pincelada de ejemplos. Una tarde de mayo de 1995, un jugador de fútbol en pleno ascenso decía con amargura que lo único que le molestaba del fútbol local era que los productores los hacían esperar en el vestuario para entrar a la cancha, así se tomaba el ingreso y no hacían su entrada al estadio cuando la TV estaba en comerciales. O cómo en un debate televisivo de este año, por un lado participaba un político de corte oficialista y en lugar de moderar o invitar a un político opositor, los propios conductores del programa se sentaban en la tarima del contrincante para debatir.
En la historia siempre hubo medios más influyentes que otros y con sólo nombrar la época del fascismo de mediados del siglo pasado, se denota el papel fundamental de los medios a lo largo de la historia. Se puede decir que siempre estuvieron cerca del poder y fueron vehículo de él para cumplir su difusión propagandística y las ideas de los nuevos órdenes. Pero la cercanía nunca implicó esgrimirse como el poder mismo y trabajar para los propios intereses de periodistas, medios o grupo de medios poderosos.
Cuando ciertos emergentes sociales pierden su centro, quedan el tiempo y sus protagonistas como agentes dinámicos para que recuperen su lugar original. Lo mismo pasó en las décadas del ´80 y ´90 con la economía como usurpador del espacio que le correspondía a la política y que lentamente fue recuperando su posición a partir del quiebre de diciembre de 2001. Tal vez la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sea el punto donde la labor periodística se vea reacomodada y vuelva a correrse a un lado del poder y volver a revalorizar el verdadero papel de un periodistas que es contar historias u opinarla, mantenerse al margen de los hechos y no tener que protagonizarlos.

domingo, 25 de octubre de 2009

El diario de Macri


Cuando el siglo todavía no sumaba tres décadas y el amanecer democrático era tan novedoso como entrar al cuarto oscuro para votar, brotaban por muchos lares leyendas que marcaron a fuego la historia política argentina. Una de ellas correspondía a aquel diario que supuestamente se le confeccionaba a Hipólito Yrigoyen para tenerlo separado de la realidad, como metáfora de un cierto alejamiento de las medidas presidenciales de lo acontecido en el país. Esta anécdota no refleja la primera ni la única vez que un mandatario se mostró inmerso en una realidad paralela, aunque en algunas ocasiones aquel mecanismo del que puede ser víctima puede convertirse en una herramienta de intencionada persuasión hacia la ciudadanía.
Algo parecido comienza a verse en la Ciudad de Buenos Aires en estos últimos días. Una cantidad de acciones de gobierno que remiten a hechos sucedidos en una etapa terrible de nuestra historia como país que han salido a la luz y dejan al descubierto un escándalo político de magnitudes impensadas, parecen ser ninguneadas desde el Ejecutivo; o que simplemente busca victimizarse ante alguna campaña de desprestigio del gobierno nacional. De las denuncias y de lo que marca la realidad: Nada.
Es muy difícil encarar actividades como las que desarrollan estos funcionarios del gobierno macrista sin trazar obligadamente un paralelo con la terrible dictadura militar que cometió crímenes de lesa humanidad en el período ´76-´83. Escuchas telefónicas, confección de informes de inteligencia, grupo de tareas que operan clandestinamente al poder policial, persecución ideológica contra militantes o dirigentes gremiales, persecución violenta contra personas que están en condición de calle o simplemente viven en casas abandonadas.
La Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) comenzó a ser conocida casi un año después de que Mauricio Macri firmara el decreto para su formación. Los apremios ilegales, la violencia contra personas en condiciones de indefensión, los abusos, las estrategias parapoliciales, los robos y las golpizas que estos grupos generan noche tras noche son parte del y responden al Ministerio de Ambiente y Espacio Pública y a su responsable Juan Pablo Piccardo. No es necesario hacer demasiadas analogías con lo que ocurría durante la dictadura de Videla, Massera y compañía. Lo preocupante es que se usen técnicas parecidas a las del Mundial ´78 para “limpiar” las ciudades sedes de pobres o todo lo que el gobierno de facto considerara indecente.
La otra punta del iceberg obedece al escándalo desatado por la denuncia y posterior detención de Ciro James, los equipamientos encontrados en su domicilio para pinchar teléfonos y los resultados de las investigaciones sobre pinchaduras de teléfonos a familiares de víctimas de la AMIA. Este ex agente de la Policía Federal, con pasado en Socma, Correo Argentino y Boca Juniors se desempeñaba como asesor del ministro de Educación porteño, Mario Narodowski y era aspirante de la Policía Metropolitana. El juez federal Norberto Oyarbide encontró en un allanamiento al domicilio de James tecnología para pinchar teléfonos; ante la acusación el imputado respondió que estos aparatos eran estrictamente para uso docente, algo poco creíble porque ¿para ejercer la docencia con quién? Ahora, para pasarlo en limpio, un ex agente de la Policía Federal de conocida trayectoria en empresas de la familia Macri asesora al Ministerio de Educación en una cuestión en la que debe ser un especialista ¿seguridad?, justamente aparece en su domicilio la tecnología para pinchar teléfonos, y justo en el momento que los docentes comienzan a denunciar que los inspectores de escuelas, en lugar de revisar el cumplimiento de los programas comienzan a recabar información sobre la afiliación y participación gremial de los maestros. Las conclusiones comienzan a caer por peso propio. Inequívocamente parece que estamos en las puertas de una pequeña agencia paralela de inteligencia que comenzó a sumar datos de los habitantes que no están de acuerdo con la gestión Macri.
Por todo lo expuesto, parece que algo huele mal dentro del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y en lugar de tomar una postura más clara y prometer las investigaciones del caso, caiga quien caiga, el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri juega a la realidad paralela y dice que no sabían que Ciro James había estado en la Policía Federal, que nunca trabajó en sus empresas y que seguramente es un infiltrado de la Federal para boicotear y sobotear el “alzamiento” (sic) de la Policía Metropolitana. Más allá de los exabruptos, las declaraciones de Macri quedan por tierra cuando el responsable de esta nueva policía, Osvaldo Chamorro, declaró ante el juez que en currículum presentado por Ciro James, aparecía su experiencia de 11 años en la Federal. Y lo de ser un simple aspirante a la Policía Metropolitana, se cae si se observan los cruces telefónicos de las más de 40 llamadas con el mismísimo Fino Palacios (¿habrán trabajado juntos en Boca Juniors?) cuando todavía estaba en funciones.
Ingresar en una realidad paralela, tratar de contar otra historia o desviar culpas, no son más ni menos que eufemismos para nombrar al verbo que circunda todo este caso: mentir. Los métodos utilizados por el gobierno de Macri no sólo hacen recordar a la dictadura sino que son gravísimos y deben ser investigados por la Justicia. Es en estos momentos que uno se pregunta si lo que se está viviendo es tanto más grave que la tragedia que desencadenó el juicio político a Aníbal Ibarra. Si se usa la misma vara, seguramente estaremos esperando otro juicio político.

domingo, 18 de octubre de 2009

Las tareas de la UCEP


Muchas veces un candidato suele hacerse de un cargo político de base electoral a fuerza de carisma, simpatía, un puñado de promesas populistas y un enemigo marcado a quien sacarle rédito. Lo que menos suele tenerse en cuenta a la hora de votar y a la hora de la campaña, es la ideología; pero con el devenir de la gestión es justamente este ítem el que aflora en cada acto de gobierno y puede resultar contrario a lo que los propios votantes esperaban a la hora de emitir el sufragio.
Un caso como este se ha dado en la otrora progresista Ciudad de Buenos Aires, donde la voluntad popular erigió a un gobierno con marcada tendencia a la derecha. Mauricio Macri encarnaba al empresario exitoso, simpático, joven y entrador; pero también a un hombre con ideología signada por la década del ´90, netamente monetarista, de poca sensibilidad social y con muy poca cintura política para encarar los problemas sociales de los porteños.
Cuando el actual Jefe de Gobierno porteño hablaba de trabajar para que los habitantes tuvieran la ciudad que se merecen, habría que haberle preguntado a quién considera ciudadanos y a quién no.
En los últimos días han salido a la luz los movimientos de una unidad de operaciones dependiente del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires llamada UCEP (Unidad de Control de Espacios Públicos). Dicha unidad que en principio debería estar destinada a velar por el buen uso del espacio público y persuadir a los usurpadores (con este término son definidos en el decreto de realización) que desistan en su actitud; muy lejos de manejar estos menesteres se ha convertido en una suerte de grupo de tareas o fuerza de choque del gobierno porteño. No es antojadiza esta descripción. Su principal actividad es desarrollada de noche y tiene que ver con desalojos violentos de viviendas, personas que duermen en la calle o vendedores ambulantes . Insultos, violencia, malos tratos, manoseos y uso ilegal de poder de policía para realizar tareas que no le competen y son altamente condenables, son una constante en las noches porteñas y se vienen desarrollando hace muchos meses. Estos hombres que realizan el trabajo sucio del gobierno macrista (¿querrán de esa manera limpiar la ciudad?¿será una nueva modalidad de la vieja empresa familiar Mantenga limpia Buenos Aires?) se nutre de barras bravas de algunos equipos de primera división de fútbol y otro tipo de personas que nada tienen que ver con la legalidad, aquella a la que suele apelar el propio Macri en sus apariciones mediáticas.
La noticia tomó forma de imagen y dejó de ser denostada como una acusación barata de la oposición porteña cuando los vecinos de los habitantes desalojados del edificio ubicado en la calle Pasco se solidarizaron con ellos y filmaron mediante celulares y cámaras de fotos todos los maltratos este desalojo forzado por la violencia de los hombres de la UCEP. Raramente estas imágenes que sirvieron para que el Observatorio de Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo de la Ciudad presentaran una causa penal contra Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por 5 de estos casos de violencia y violación a los Derechos Humanos, no fueron tomados por ningún medio a excepción de Canal 7. Se hace raro pensar, en casos como este, que la censura de la que tanto hablan algunos sectores que no están a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se cumpla de hecho desde la corporación de multimedios que hoy tienen gran incidencia sobre la opinión pública. Cabe entonces preguntarse desde el periodismo hasta qué punto uno no empieza a convertirse en cómplice de un delito cuando sabe de su existencia y no lo publica.
Pero también cabe preguntarse sobre el rol que tienen los gobernantes en este momento en que vivimos, ya que si un gobierno avala tareas ilegales como las que se están desarrollando hoy en la Ciudad de Buenos Aires y nadie termina por denunciarlo y se sigue permitiendo, estas tareas se institucionalizan y terminan por naturalizarse. Más allá de lo ideológico, Mauricio Macri está al frente de una administración que está cometiendo delitos que creíamos que ya habían quedado en el pasado y por eso debe responder a la Justicia. Muchos ciudadanos han puesto en manos de ese funcionario un mandato que no tiene que ver con persecusiones ilegales, y es a esos ciudadanosa los que debe responder. Porque un mandato no debe dar impunidad, sino obligaciones.

domingo, 4 de octubre de 2009

La vara de los medios


¿Qué es un fenómeno de masas? ¿Cómo llega a la comunidad? ¿Cuáles son los factores que lo hacen contar con el apoyo popular o perderse en el más oscuro de los ostracismos? En realidad ningún estudiosos de las ciencias sociales se atreve a proponer un plan infalible para obtener la gracia de las masas y así ser unánimemente apoyado por el sentido común de los Argentinos. Aunque vista la historia de los últimos diez años, cualquiera podría dar algunos consejos de qué cosas hacer, qué cosas no hacer, qué léxico utilizar o qué banderas levantar para que la masa simpatice con su lucha.
Para tomar un puñado de conclusiones puede uno sentarse a analizar desde la función discursiva aquel lock-out patronal de 2008, popularmente conocido como el “paro del campo” y la lucha que se está desarrollando en estos días por parte de los trabajadores de Kraft (ex Terrabussi) para la restitución de los 150 despedidos por la empresa. Sería interesante indagar por qué dos protestas de trabajadores y aparentemente justas (esto es lo que dice el imaginario popular y se puede estar a favor o en contra) no tuvieron el mismo apoyo por parte de la ciudadanía al punto que uno logró una movilización masiva de una parte del tejido social y la otra navega en la más grande de las indiferencias.
El lugar inicial de donde pude partir un análisis es llegar a entrever desde qué mirada una persona común podía pensar a cada uno de los actores en cuestión. Qué bagaje le trae a su mente, qué sentimientos están en cuestión o qué visión tenían de ellos antes del conflicto. El campo está emparentado con la tradición, Terrabussi también, es una de las marcas de golosinas más antigua y reconocida de nuestro país. Desde el campo salen productos que engalanaron la mesa de los argentinos por muchos años, lo mismo que los productos Terrabussi. Es decir que por los productos de un sector y otro, la parte sentimental o de conocimiento a priori, no se sacan ventaja.
Otro aspecto a analizar son sus modalidades de la protesta. Del mismo modo unos y otros cortaron rutas e hicieron piquetes para que sea conocida y difundida su lucha y objetivos. De parte de los integrantes del lock-out patronal, con el agravante de disponer de los camiones que le permitían pasar y a cuáles no, dependiendo de la comercialización o no de granos. De hecho los trabajadores de la ex Terrabussi negociaron con la policía un carril para que pudieran pasar de manera muy lenta los vehículos que esperaban en la Panamericana. Por lo que la medida de los despedidos parecería un poco menos molesta.
Como una última cuestión alrededor de esto puede fijarse en la cercanía o lejanía del problema. Por un lado las retenciones a la soja de un campo que para la ciudad solo se traduce en pan y verdura, contra los despidos de una empresa mucho más cercana a la metrópoli y que puede erigirse como un espejo para muchos de quienes obtienen el sustento de su trabajo en fábricas y oficinas y se podían sentir expuestos a que les pasara lo mismo. En pocas palabras, el conflicto de Terrabussi tiene muchas más posibilidades de hacer sentir reflejada al grueso de la población de las ciudades que el conflicto del campo.
Si hasta ahora la balanza viene dando ganancias al conflicto Kraft, por qué no pudieron movilizar a muchos hombres y mujeres de las ciudades para apoyar su lucha, como fue la idea desde el principio. Si se tuviera que acotar la respuesta a dos palabras no sería muy difícil manifestarse: política y medios. La visión política conducida por un odio ideológico y tradicional a la tendencia política que encarna el peronismo para el viejo grupo de patrones rurales, sumado a la muy buena tarea que se hizo de victimización y, como contraparte, poner al gobierno en un lugar de ente totalitario; lograron esta suma de voluntades contrarias al Gobierno Nacional que no por ser una minoría, dejaron de obtener la repercusión obligada por parte de los medios. Al ojo del ciudadano común, Kraft o Terrabussi no es más que una lucha sindical más y muy poco hay de interiorización del tema.
El papel de los medios es el que hizo la diferencia. El uso de términos como “paro del campo, grupo de peones, chacareros, labradores, jornaleros, empleados agrícolas o cortes de ruta” chocaron contra otras palabras de la talla de “trabajadores despedidos, delegados gremiales, sindicatos, infiltrados, incidentes, piquetes, marchas, políticos y activistas de izquierda”. Es obvio que los primeros términos no remitían a las mismas acciones de los segundos y el prestigio social de unas y otras palabras hacen la diferencia. Pero cuando todo se hace bajo el supuesto halo de la objetividad, todo se hace más difuso.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La batalla final


Uno de los mecanismos de defensa más reconocidos o reconocibles por la psicología en la vida cotidiana corresponde al fenómeno de proyección. Este mecanismo consiste en atribuir a otros o al mundo exterior en general, motivaciones que se rechazan, deseos que no reconocen o sería insoportable para una persona aceptarlos. Transpolado al mundo de la persuasión, puede ser muy convincente para un comunicador pegar primero y adosar características negativas propias al contrincante de turno. De esa manera, todo lo que se diga de la persona o grupo de personas que dieron el primer golpe, llevará para siempre el manto de la duda.
En la Argentina, una batalla que se venía llevando de manera sesgada y con rehenes de turno (lo fue el campo, la inseguridad u otra noticias caliente), ha salido a la cancha con todas sus armas bien visibles y otras tantas que no se pueden ocultar demasiado. El Grupo Clarín, sindicado como el principal monopolio mediático del país se enfrenta con el Gobierno Nacional (aunque muchos otros partidos apoyen la iniciativa) para evitar la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y ya se pueden observar las descargas de artillería en las tandas de cualquiera de los medios que integran el espectro radioeléctrico (que si algún despistado no lo sabe, es el único sistema que trata la ley).
Desde una campaña de afiches del diario Clarín que busca levantar la imagen y posicionarse como el paladín de la verdad ante las mentiras del Gobierno (insisto, los diarios no serán legislados por este todavía proyecto), hasta alguna que otra fundación de no muy clara procedencia o agrupaciones de canales y radios privadas; todos tienen algo que decir a nivel mediático.
En primer lugar, los spotd publicitarios que comenzaron a verse en televisión fueron confeccionados por la Fundación Valores para el Bien Común. Los contenidos de sus avisos en fondo negro y fotografía blanco y negro, versó sobre el juego de palabras entre medios y miedos, y de la importancia de que el Gobierno no digite que contenidos tendrán los canales bajo la amenaza de sacarles la licencia. Un poco más aceitadas, las otras dos propagandas fueron más efectivistas, la primera borrando todos los números de un control remoto menos el 7 y un ficticio botón que decía Telesur (en obvia relación a la cadena de noticias que regentea el gobierno de Hugo Chavez) como haciendo notar que a este Gobierno le gustarían estas pocas opciones. En la caso de la segunda, bien elaborada a efectos de movilizar sensaciones en el espectador se dedicaron a mostrar gente prendiendo una vela contra la oscuridad y uniéndose hasta formar un gran grupo de personas y velas. La relación con la marcha de Blumberg es casi instantánea, aquel fue un duro golpe contra el gobierno de Néstor Kirchner, pero también el derrumbe, a partir de ese pico, del falso ingeniero. Más allá de tener el mismo locutor del Grupo Clarín y un tratamiento visual muy parecido, para ilustrar a quién responde esta fundación (no publica dirección o contacto, ni deja rastros en ninguna página de internet) vale una pequeña historia: a la vuelta de la tanda de un conocido programa político que se emite los domingos a la noche por América TV en la cual se había pautado este comercial, uno de los tres conductores dice textualmente –“Bueno, ahí están los spots de Clarín”-
Una rara coincidencia se produce en otro comercial que puede verse en las pantallas de televisión y está firmado por ATA, la Asociación de Televisoras Privadas Argentinas. Repite casi a la perfección la publicidad antes desarrollada del control remoto. Sonaría a coincidencia o a “homenaje”, si no fuera porque como secretario de esa entidad se encuentra a Jorge Rendo, el responsable de Asuntos Institucionales del Grupo Clarín, un hombre que viene de la entraña del diario homónimo y muy poco sabe de televisión.
Del otro lado el Gobierno Nacional con una propuesta comunicativa muy acertada desde el lugar casi académico, apoyado por personalidades de la cultura y la política, mostrando una actitud muy pasiva ante las agresiones recibidas. Como si se diera cuenta que desde el barro puede llegar a perder muchos apoyos y sin tener la necesidad de confrontar. Mientras que sigue sumando adhesiones de ONGs, pueblos originarios, asociaciones civiles sin fines de lucro y organizaciones sociales. La sensación que sobrevuela el ambiente es que con esto y con el inestable papel de la oposición le sobra para darle fuerza de ley al proyecto.
La cuenta regresiva ya está en marcha. El campo de batalla está repleto y los primeros fogonazos ya se están escuchando. Es demasiado el bagaje y el tiempo de exposición para que los monopolios puedan lavar su cara y presentarse como un instrumento pluralista de la democracia. Es por eso que lo único que le queda a los comunicadores que no quieren esta nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es proyectarle al Gobierno Nacional las mismas adjetivaciones negativas que pesan sobre ellos. Mientras tanto, y casi indiferente a todo esto, el proyecto con media sanción sigue su curso hacia el Senado.