"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

viernes, 30 de mayo de 2008

Una foto, dos países


Una postal del conflicto. Dos personas en una foto. La Plaza de Mayo como escenario. El cacerolazo del 25 de Marzo como contexto. Una señora de clase acomodada, cartera y anteojos para ver de cerca en su cuello, sostiene del brazo a su empleada doméstica que golpea a desgano una cacerola. La señora no ejerce esa protesta con sus propias manos. La cara de la empleada en la foto tiene más fastidio que furia o protesta. Horas después, esa foto se hizo emblema de unos y otros.
Es una verdadera paradoja de la situación política actual que una imagen inerte plasmada en una fotografía pueda personificar tan cabalmente los pensamientos de una sociedad que se divide y se reagrupa de una manera más que interesante. Se trata, claro, de una temperatura social que cambia casi por minuto y se adscribe a las intermitencias de la política actual. Del diálogo al grosero corte de él, de la conciliación a las amenazas cuasi autoritarias, de la discusión de un modelo de país a los caprichos alejados de la realidad.
Lo cierto es que a partir del domingo, esa fotografía publicada en un diario de distribución masiva, las aguas se inquietaron en un debate que mucho dice de los argentinos hacia el interior del conflicto.
Los ecos no se hicieron esperar y lo que la foto denota entró a batallar hacia adentro de cada una de las posiciones que se avizoran desde los inicios del conflicto con el campo. Un joven que dice apoyar al gobierno transporta su bronca en forma de crítica de clase, al decir que la fotografía le hace recordar al período anterior a 1930, con un modelo de país basado en la producción primaria, con una oligarquía terrateniente, la riqueza concentrada en unos pocas manos y un sistema morigeradamente esclavizante. El manejo de la empleada doméstica agarrada del brazo como si fuera una extensión del cuerpo de su patrona, nutre un poco más su fervorosa interpretación desde su visión antagonista al reclamo del campo por las retenciones móviles, al fijar su opinión sobre el modelo de país que los ruralistas buscan.
En las antípodas ideológicas, un hombre de impecable traje aborda el tema desde las percepciones de realidad y refleja otra posición ante el conflicto. Con el beneficio de la duda como estandarte, comienza su alocución sin darle una definición unívoca a las intenciones de la empleada doméstica. Dice, desde su parecer, que el trabajo de la persona o sus pautas culturales no tienen nada que ver con estar o no de acuerdo con el gobierno de Cristina Kirchner. Que es un reduccionismo plantear la dicotomía de dominadora y dominada desde el poder que da ser empleador. Y, de esa manera, cierra su visión asentada en que el reclamo del campo es justo ante las retenciones disgresivas del gobierno.
Mucho se puede analizar por fuera de estas dos visiones. Si la empleada doméstica fue realmente contra su voluntad a la Plaza de Mayo, si lo hizo por otras motivaciones que las políticas, si la vestimenta que usó en el cacerolazo la hacía ciudadana o trabajadora al servicio de la señora, etc. Lo concreto, y lo plausible de análisis gira en torno a la fuerte dicotomía que hoy enfrenta a los argentinos y la inestabilidad de estas opiniones. Como un mercado de pases gigante, día a día, miles de personas piden permiso y se cruzan a la vereda de enfrente según lo dicte coyuntura vigente. El problema empieza cuando se buscan constantemente buenos y malos, o ganadores y perdedores, demócratas o autoritarios. Sin embargo, la arista clave para resolver el conflicto del campo ya no radica en mostrarse como ganadores de una negociación y pedir más o sentarse a entregar todo. Dentro de la escalas de grises que van del negro al blanco existen diversas formas de destrabar el conflicto. Y es allí donde radica la clave, en una negociación madura y alejada de cualquier tipo de presión. Poner en juego todos los aspectos donde se encuentran las discrepancias e iniciar la retórica de la discusión de ideas. No sólo para que las medidas de fuerza en torno a las retenciones queden en el pasado sino para construir un plan agroindustrial a largo plazo y con reglas claras. De esa manera se habrá vencido al conflicto y no a alguna de las partes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mario Markich de TN preparó un informe con la opinión de la gente común sobre el conflicto del campo. Todos están esperando que las dos partes, gobierno y campo, se pongan de acuerdo. No parece preocuparles mucho cuál debería ser la solución del conflicto siempre y cuando haya una solución, y rápido. No les preocupa que haya más o menos "distribución del ingreso". Les da igual si a los chacareros se les cobra más o menos retenciones. Nada está en juego para la gente común excepto la ansiedad de un conflicto ajeno que sienten que los afecta, aunque no sepan muy bien de qué manera. Nadie realmente cree que esté en juego la propiedad privada y el derecho de gozar de los frutos de su trabajo. Nadie considera que el aumento de las retenciones, ya excesivas, es un atropello por parte del gobierno, que no tiene derecho a cobrar impuestos confiscatorios. A nadie le preocupa que las retenciones vayan a parar a un fondo incontrolable que es manejado a discreción por el presidente (o la prescindenta), y que no vuelvan a los lugares donde son generadas, muchas veces abandonados del presupuesto estatal en materia de salud, seguridad y educación. Nadie tan siquiera se siente atraído por el concepto de la "distribución del ingreso", tal vez porque en espíritu saben que jamás los alcanzará semejante construcción mental, reservada para los elegidos del poder: piqueteros, punteros, y empresarias de los "derechos humanos". En lugar de ciudadanos comprometidos nos encontramos con los pasajeros indiferentes de una nave de fantasía llamada Argentina. Espero que, al menos, los zurdos de la Federación Agraria entiendan el valor de la propiedad privada, y entiendan que no hay diferencias entre la propiedad privada del grande y la propiedad privada del chico. Porque si el gobierno le puede quitar al grande, imaginate lo que puede hacer con vos, De Angeli, con vos, Buzzi, que sos chico.

Anónimo dijo...

Comparto.
Aunque no debemos descuidar que el Productor hoy, va del blanco al negro en toda la gama de grises.
Basta recorrer cada provincia como regularmente lo hacemos. Hay quien ha vendido sus ultimos animales, porque los 0,80 cvs. por litro de leche terminaron quebrándolos. En otro extremo los Grobocopatel, habilidosos y globalizaores. No se los critica tanto, como se los admira!. La razon es simple, manejan fondos ajenos y cumplen con rindes que conforman a quienes invierten desde 20 mil mangos, hacia arriba. La Soja, es rentable. Esta Gama de exportadores que a traves del Gobierno asesora a Chavez, no necesita de subsidios incobrables, ni de compensaciones de ningún tipo.
¿Por qué el Gobierno discute con los productores ( incluso quienes no quieren perder esa posición de Clase Media legitimamente adquirida), y no con quienes exportan exorbitantemente?
Porque en el juego del Poder ( de eso se trata) para disimular el verdadero problema de falta de inversiones en Energía, y de una Inflación innegable, el Gobierno no permite que un Sector, detenga sus ambiguedades en politica Economica, lo que además puede perjudicar su Caja.
No hay 50 mil millones de dolares, eso no existe!
Hay 24 mil millones, lo que no es poco, pero hay vencimientos de 6 mil millones solo para enfrentar este año, y una emisión de bonos que comienza a flaquear desde 2009 al 2011.
Si en los 90 vivimos una irrealidad economica, hoy, estamos viviendo una ficción mas atractiva, pero mas peligrosa.
Abrazo!