"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

viernes, 11 de julio de 2008

Europa, Amèrica y de nuevo Europa


Los fondos de mi abuelo sufrieron transferencias por distintos países. En principio no tuvieron una historia distinta al de la liquidez de cualquier europeo lanzado a las Américas, en Cuba la fortuna logró desabrochar la cubierta de su billetera en forma de primer premio de la lotería y ese jóven de 17 años llevó todo el dinero obtenido en el Joven Continente hacia su casa natal en la campiña española.
Cuatrocientos años de la misma conducta avalaban el procedimiento del dinero que, en mucha mejor ley que algunos de sus compatriotas, mi abuelo había obtenido en América. Sin embargo y aunque nada de esto hubiera pasado por la cabeza de mi abuelo, las arcas sufrieron una nueva transferencia.
Mientras se desdoblaba el dinero para adquirir una vaca para su madre (todo una demostración de status para la época), la guerra en África y la cercanía de la conscripción produjeron que los fondos se movieron (en el bolsillo, a la vieja usanza) hacia su destino final en Buenos Aires, Argentina. A partir de allí se fueron achicando con el transcurso de los años, el gusto de traer a toda la familia a la nueva tierra y de la bohemia porteña, hasta llegar a cero. Al ser todos gastados en estas tierras, mi abuelo comenzó a producir para el país y trabajar tanto para su sustento como para lograr mejores condiciones laborales en su nuevo país adoptivo. Fue así que abrazó, en el camino de la integración hacia su argentinidad, los ideales del peronismo y la justicia social. Junto con esto formó una familia argentina y cerró el cerco de su pertenencia.
Los fondos de mi abuelo emergieron en el mismo continente donde se invirtieron, ya sea en forma fortuita o gracias al trabajo. Pero junto con él, muchos inmigrantes sin un centavo lograron llegar hasta nuestro país y forjaron un futuro a fuerza del trabajo que también ayudó a la Argentina a crecer y posicionarse a mediados del siglo pasado como una de las naciones con mayor potencial y futuro del continente. No existió en ningún momento discriminación alguna hacia quien traía los bolsillos vacíos o llenos. Todos los brazos contribuyeron por igual al país, tuvieran o no papeles de identidad. Todos fueron recibidos y tratados como ciudadanos. La misma política esgrimieron todos los países de América Latina. Economía y Derechos Humanos no contraponían intereses.
Los años y las circunstancias económicas globales hicieron que la balanza desnivelara hacia su posición contraria. Y es así como aquellos europeos que exportaron personas hacia todos los confines americanos, hoy son los receptores de aquellas multitudes internacionales. Pero en lugar de hacer honor a su historia sociopolítica y integrar a una economía que necesita a los inmigrantes (el escalafón inferior de la economía europea depende de estas personas), votaron el pasado 18 de junio la “directiva retorno”. Esta ley permite deportar a todo migrante indocumentado que su propia economía necesita y utiliza bajo condiciones de trabajo poco dignas. Desde otro punto, puede verse a esta ley como un revés de grandes magnitudes hacia los Derechos Humanos por parte del parlamento de la Unión Europea, al permitir encarcelar a personas sin papeles hasta por 18 meses, sin un juicio previo.
Por otro lado, en algún despacho contiguo del edificio de la UE, las secretarías de comercio europeas, analizan el pedido de mayores y mejores condiciones aduaneras, de comercialización y patentes para los bloques económicos latinoamericanos.
Se hace muy difícil pensar cuál es la visión global que hoy tiene Europa en los distintos niveles de la política y la economía. Sería muy sencillo decir que el viejo continente está virando a la derecha y eso produce un arranque de xenofobia que dificulta las relaciones con los inmigrantes. El problema tal vez vaya un poco más allá, la prometedora tercera posición que se cultivó en contraposición a la economía de mercado furiosa de los Estados Unidos se está quedando sin riego. La tendencia de la Europa capitalista con la intervención del Estado como agente de contención se comenzó a desfigurar y dejó paso a un modelo parecido al norteamericano. Liberalismo en la economía hacia los mercados externos, pero proteccionismo para el mercado propio tanto en lo económico como en lo social. Hacía ya 60 años que este planteo no sobrevolaba Europa, dondequiera que esté, mi abuelo debe estar mostrando una mueca entre sarcasmo y preocupación.

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