"Nunca hubo un monumento de cultura que no fuera un monumento de barbarie. Y así como la cultura no está exenta de barbarie, no lo está, tampoco, el proceso de transmisión de la cultura. Por eso, en la medida de lo posible, el proceso histórico se desvía de ella. Considera la tarea de comprenderla como un cepillar de la historia a contrapelo" WALTER BENJAMIN

martes, 20 de abril de 2010

Algunas consideraciones sobre la teoría de los dos demonios


En estos días donde volvió a boca de todos, el pasado más violento y sangriento de nuestro país, las heridas que parecían cerradas no siempre muestran su sanación. Por más que el objetivo del recuerdo estuviera fuertemente cumplido (la memoria y el pedido de verdad y justicia estuvo en boca de todos) algunas voces que en otros tiempos preferían el silencio y la ignorancia a estas movilizaciones de una parte de la Nación, se hicieron escuchar.
La idea de la teoría de los dos demonios vuelve una y otra vez para quienes no están de acuerdo con el pedido de justicia ante 30.000 personas que perdieron la vida a manos de un Estado Nacional (viciado de nulidad por ilegítimo, pero Estado al fin).
Frases como “esta es la memoria de una sola mitad” o “también murieron muchos del otro bando”, incluso “¿nadie habla de las víctimas de la guerrilla?”. Todas expresiones cargadas de ideología aunque disfrazadas de clamor de justicia; pero también de un facilismo demasiado evidente ante los hechos que surcaron nuestra historia en los años ´70. Es menester hacer un planteo superador de esa hipótesis que se impuso en los albores del gobierno radical de Raúl Alfonsín.
En principio, para que hubiera realmente una visión de “dos demonios”, se debería partir de un plano de igualdad. Y justamente no se puede hablar de dos bandos cuando uno de ellos tiene que ver con un Estado Nacional. Esta especie de Ejecutivo usurpado por los Fuerzas Armadas tiene la totalidad del Aparato Represivo del Estado, es decir que tiene las armas, los tanques, los aviones, los patrulleros y los grupos de Fuerzas Armadas, justo con las instalaciones preparadas para el ejercicio de la represión en un país (represión en el término positivo, al servicio de la continuidad de las normas vigentes en una sociedad).
Otro punto es el uso que un Estado le da a ese aparato con el que cuenta. Usarlo en la más clara vigencia de la ley y respetando cada uno de los pasos que esto implica, chocó en épocas de dictadura militar con la utilización totalmente ilegal y hasta macabro de dicha disponibilidad de estructura. Las torturas, los secuestros, el ensañamiento, las violaciones graves a los Derechos Humanos y los asesinatos han hecho que esta etapa de la historia sea la más sangrienta de la historia.
“Bueno –diría alguno de los cultores de los “Dos demonios”-todo lo que hizo la dictadura me parece aberrante, pero muchos inocentes perdieron la vida en atentados de las guerrillas”. Un punto indiscutible para seguir con la corriente del “algo habrán hecho”, pero no estamos hablando aquí de acciones delictivas con las que nadie está de acuerdo y que obviamente deben recibir todo el peso de la ley. La cuestión va un poco más allá, sería muy fácil decir que los 30.000 desaparecidos tenían participación directa en los atentados perpetrados por las organizaciones guerrilleras y que esto no obedece a un plan de exterminación que fue mucho más allá de castigar culpables y se encargó de hacer desaparecer a una generación más con tintes ideológicos que de otro tipo. Pero sería no obedecer a un contexto mundial que imperaba en los ´70; Estados Unidos apoyaba cualquier aventura que tratara de cortar el avance comunista (o lo que ellos creían comunista) en cualquier parte del mundo. A veces de la manera más absurda.
También es correcto recordar que, muchos de los integrantes de organizaciones guerrilleras fueron juzgados en democracia y se vieron beneficiados por los indultos de Carlos Menem en 1989. Es decir que las condenas a quienes infringieron la ley fueron firmes y no fue que alegremente nunca fueron imputados.
En estos tiempos en los que los medios de comunicación sufren una constante supervisión sobre sus ideologías e ideales, conviene sentarse a pensar sobre este tipo de cosas y no optar por la explicación más fácil de repetir. Si una porción de la sociedad pide la otra mitad de la historia, basta con que relean los diarios de aquella época que daban cuenta de una versión que no tenía que ver demasiado con la realidad. Cualquier semejanza con los medios de hoy es pura coincidencia.

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